lunes, 14 de octubre de 2019

El misterio de la Mansión Dunlora.

La mansión Dunlora es una construcción dilapidada en el bosque a las afueras de Charlottesville, en el estado de Virginia; y cuenta con un siglo de historias de fantasmas acumuladas en torno a ella.

Erigida en 1724 por un militar de nombre Thomas Carr como recompensa por 'servicios a la corona británica' en la época de las colonias; Dunlora terminó su construcción hasta 1730 y pasó casi siglo y medio como una plantación más, irrelevante entre las cientas de propiedades de las regiones campestres de la Confederación. Al menos, hasta el año 1900 cuando una mujer con fama de bruja en Charlottesville tomó posesión de ella. 

Con los años, los campistas y vecinos que acostumbraban tomar paseos o pasar la noche en el bosque cercano empezaron a evitar el lugar y a narrar historias sobre rituales satánicos, luces fantasmales, demonios y aparecidos que se manifestaban en torno a la cada vez más decaída mansión. Por eso, cuando la 'bruja' falleció y la mansión Dunlora cayó en el abandono; a estos cuentos se les unió el rumor de que el espectro de la bruja aparecía en el bosque y ahuyentaba a aquél lo suficientemente valeroso (y tonto) como para acercarse al lugar.
Curiosamente, se empezó a manejar también que en las inmediaciones del terreno de la mansión existía un viejo y ruinoso cementerio para los esclavos que vivieron en el lugar hasta que se declaró el fin de la esclavitud en EUA. 

Los Scouts Perdidos.
La leyenda más aterradora sobre Dunlora, es el caso de los Scouts Perdidos.
El mito inicia en el verano de 1920, cuando una tropa conformada por seis Boy Scouts y su líder realizaban una excursión en el bosque; ignorando las leyendas sobre la casa y los terrenos a su alrededor. El viaje transcurrió sin contratiempos durante el día, y luego de una copiosa cena y los obligados cuentos de espantos en torno a una fogata; el grupo se retiró a dormir en tres tiendas para los Scouts y una para el líder. 

A mitad de la madrugada, el líder de la tropa fue despertado por el sonido de las garras de un animal arañando el suelo, así como gruñidos que no supo identificar. Creyendo que la tropa estaba en peligro, tomó su linterna y emergió de la tienda para ver de qué se trataba; encontrándose con que no solo había rastros del animal, pues además los Scouts habían desaparecido de sus tiendas.
Inicialmente, sus sospechas fueron que se trataba de una broma y los llamó por sus nombres, amenazando con retirarles las insignias; más no hubo respuesta alguna y terminó usando su linterna para recorrer los senderos del bosque en busca de los muchachos. 

Su búsqueda se extendió por el resto de la noche, y ya clareaba cuando percibió un brillo a la distancia; mismo que atribuyó a la linterna de alguno de los muchachos. Avanzó en dirección a ella, hasta salir del bosque y divisar la sombra de una enorme casa; una mole decrépita, abandonada y cubierta de vegetación. 
En ese instante, la luz volvió a parpadear de nuevo desde una de las ventanas del segundo piso; y ahí el líder descubrió que no se trataba de una linterna, si no otra cosa que se movía como la llama de una vela en el viento. 
Al internarse en la casa, era obvio que el lugar había sido abandonado mucho tiempo atrás: El interior cubierto de polvo, moho y suciedad; los muebles dañados por animales salvajes y hongos, y gruesas telarañas, eran producto de años de descuido y ninguna manutención. 
Su búsqueda lo llevó a través del primer piso, y estaba por rendirse y salir de nuevo al bosque cuando escuchó el distante y apagado grito de un infante; proveniente del sótano de la casa. 

Creyendo que era uno de sus scouts, corrió escaleras abajo hacia un sótano cavernoso y con un fuerte olor a humedad. Abajo, la única fuente de luz provenía de su linterna y la movía de lado a lado para tratar de encontrar al chico.
En uno de esos movimientos, la linterna iluminó el rostro de una anciana parada al otro extremo del sótano; con un rostro casi esquelético, surcado por profundas arrugas, ojos lechosos y una sonrisa llena de dientes amarillos y afilados en puntas triangulares. 
La mujer le sonrió, y el líder de la tropa salió corriendo a toda velocidad con la extraña mujer detrás de él en persecución. Al correr hacia afuera de la casa, tropezó con algo que hizo un sonido húmedo cuando lo pisó. 
No era un tronco o vegetación putrefacta, se trataba del cuerpo de uno de los Scouts; tirado sobre un charco mezcla de lodo y sangre, con el estómago abierto en canal. El líder se levantó de un salto y al hacerlo, se dio cuenta de que en la habitación donde había tropezado estaba el resto de los scouts; alineados y destripados de manera idéntica. 

La leyenda dice que horas más tarde, la policía acudió a la mansión luego de recibir reportes de gritos en ella, y encontraron al líder de la tropa en estado de shock en medio de un camino que conducía a Dunlora.
Al interrogarlo y no obtener más que balbuceos; dieron con el campamento donde se desarrollaba una escena dantesca: Los cuerpos de los chicos habían sido colocados en sus bolsas para dormir, pero los órganos arrancados de los cuerpos se asaban lentamente sobre una fogata. El líder de la tropa siguió gritando sobre lo que vio en la mansión y la anciana, pero la policía hizo caso omiso de sus chillidos y el hombre terminó arrestado por homicidio y encerrado en un asilo mental.

La leyenda termina con el rumor de que en el bosque crecieron siete nuevos árboles en el sitio del campamento; y que estos árboles se encuentran poseídos por los espíritus de los scouts fallecidos. 

La verdad.
Y como ocurre casi siempre con las leyendas urbanas sobre aparecidos, no existe evidencia de los asesinatos de los scouts en los diarios de Charlottesville o en registros policiales. Sobre la mansión, pues no se encuentra completamente abandonada; ya que hay un encargado del terreno y que sostiene que pese a su estado actual, la mansión está en posesión de la misma familia desde hace un siglo; y que no existe evidencia de la famosa bruja o del cementerio de esclavos. 
En realidad, la mansión Dunlora era un mito poco conocido y que no se hizo viral hasta el año 2016; cuando la historia fue publicada en línea como una creepypasta. 

martes, 24 de septiembre de 2019

La muñeca de Hinckley.

La muñeca junto a la nota en el museo de Hinckley.
Ben Canham es un inglés que dedica su vida a coleccionar objetos supuestamente embrujados, y dice poder comunicarse con los espíritus que los ocupan. Recientemente saltó al ojo público luego de adquirir una caja llena de objetos antiguos en una venta de garage.
Dentro de la caja, Ben encontró una muñeca antigua y un sobre con la ominosa leyenda "Léeme" escrito en él.
El mensaje en la nota rezaba lo siguiente:

"Hola y gracias por comprar a Richard y Sarah. Estos objetos fueron encontrados en un auto abandonado en 1990. La mujer que los llevó a su casa, comenzó a darse cuenta con el paso de los días que la muñeca cambiaba de lugar y que la caja se abría por sí sola.
Eventualmente, la actividad aumentó al grado de que escuchaba risitas infantiles viniendo del cuarto donde guardaba los objetos, y por ello llamó a mi tía para pedir ayuda. Mi tía se llevó los objetos e hizo una sesión espiritista. 
En el ritual, descubrió que los objetos eran habitados por dos espíritus, Richard y Sarah. Eran amantes en vida y se quedaron atados a los objetos que significaban algo para ellos. Sarah está unida a la muñeca, y Richard a la caja. No sé como murieron. Estos objetos fueron regresados al comprador, que se quejaba de despertar en las madrugadas por el sonido de alguien que caminaba en las escaleras de su hogar y una voz que le susurraba al oído.
Por leyes del Reino Unido, debo decir que escribí esta nota por motivos de entretenimiento y que no hay una garantía de que el comprador experimente actividad para normal. Por favor, usa el incienso de salvia blanca incluido dentro de la caja si es necesario. 
Gracias, y que Dios te bendiga."

Ben, que es empleado del Centro de Investigación Paranormal de Antigüedades Embrujadas en Hinckley; entregó el muñeco al museo del Centro de Investigación, donde los fenómenos se incrementaron exponencialmente. 
Lo que inició encontrando la caja abierta cuando nadie la había tocado, aumentó a luces que se encendían y apagaban por sí mismas, golpes y pisadas incorpóreas, la muñeca moviendo su posición de vez en cuando e incluso risas de una niña en habitaciones vacías. 
Hasta el día de hoy, la muñeca permanece en el museo junto con la nota y la caja; y el autor de la nota original no ha sido encontrado. 

El cuervo fantasma.

West Drayton es una comunidad pequeña al oeste de Londres, famosa únicamente por su cercanía al Aeropuerto de Heathrow y la iglesia de Martin de Tours, construida originalmente en el siglo XII y reconstruida a mediados del siglo XV luego de que la primera construcción colapsara por siglos de falta de mantenimiento. 
La iglesia fue restaurada en 1974, dándole particular atención a la fuente bautismal, que databa del siglo XV y placas dedicadas a Mary, reina de Escocia y el primer barón de Hunsdon; primo de la Reina Elizabeth I. 
Es en esta iglesia donde, de acuerdo con el reverendo Frederick George Lee en su libro del siglo XIX, "Vistazos al Crepúsculo"; ocurrían circunstancias extrañas relacionadas a la aparición de una monstruosa ave en las bóvedas y criptas bajo el edificio. Lee escribió en su libro que estos fenómenos llegaron al ojo público luego de que varios habitantes de West Drayton experimentaran sucesos inexplicables como escuchar gritos, cadenas arrastrándose y voces; pero indudablemente el que más desconcertó a la gente de la localidad fue la presencia de un cuervo gigante que era visto usualmente posado sobre un ataúd. 

El primero en ver el cuervo fue el conserje de la iglesia, quien una mañana bajó a las catacumbas y encontró a una gigantesca ave negra revoloteando en el interior de una cripta y picoteando una rejilla de ventilación; por lo que creyó que se trataba de algún animal que debió haber entrado al edificio durante la noche y terminó atrapado. 
Sin embargo, al abrir la puerta, el conserje asegura que el ave se desvaneció. El 'cuervo fantasma' fue visto en varias ocasiones más por la familia del conserje, el reverendo a cargo de la parroquia y visitantes al sepulcro. 
La iglesia de San Martin en West Drayton. 
Estas apariciones concluyeron cuando dos jóvenes campaneros que no creían en las historias sobre la feroz ave del sepulcro, hicieron un plan para atraparlo luego de narrarle la historia a un muchacho del pueblo.
Los tres, armados con palos, piedras y una linterna; descendieron a las criptas durante la noche. Y efectivamente, encontraron al ave revoloteando entre las vigas del techo. Lo persiguieron, arrojándole las piedras e incluso uno de ellos alcanzó a golpearle el ala; rompiéndosela. El ave, herida, cayó sobre un ataúd y empezó a graznar con alarma mientras los hombres lo acorralaban.
Uno de los campaneros saltó con un saco para apresarlo, pero cuando estuvo a punto de atrapar al animal; este se desvaneció en una bola de humo y los hizo huir. 

Del ave, no se supo más, aunque existe un registro de que varios años después; dos hermanas que volvían a casa al anochecer, dijeron haber visto un ave gigantesca posada en el torreón de la iglesia; y creyeron que por su tamaño, debió ser un águila prófuga del jardín zoológico de Londres.

El diario del señor Bien Hecho - parte 3.

La estupidez del valor. 
Muchas personas, en su definida y claramente inferior sabiduría, eligen probarse a sí mismos acudiendo a lugares que se supone son frecuentados por lo 'sobrenatural'. Qué termino tan molesto y paradójico. 'Sobrenatural'.
¿Cómo algo puede estar 'sobre' la naturaleza cuando ocurre de manera natural?

Discrepo.
Muchas almas 'valerosas' que salen en busca de lo nocturno y lo desconocido se darán cuentad e que hay poco que temer, pese al sudor frío que experimentan y eligen tomar esta evidencia como una respuesta de si lo 'sobrenatural' existe en nuestra percepción compartida del mundo.

Tontos. 
Oh, sí. Si alguien de verdad se vuelve valeroso, más allá de lo sano; descubrirá que nunca verá algo más allá de lo mundano. Son aquellos que abrazan a su miedo quienes encontrarán evidencias mucho más perturbadoras sobre la posibilidad de que existen entidades y energías más allá de lo qu econocemos.
El miedo es más que una advertencia viológica en torno al peligro. Es un sentido con poca diferencia respecto a aquellos cinco que la mayoría de la gente conoce. Ignorar el miedo es cerrar los ojos a esos secretos que poseen belleza más allá de las imaginaciones de los mortales.

Así que quiero impartir este aviso en aqauelloa que buscan confirmar la existencia de lo 'sobrenatural'. 
Abraza tu miedo. 
Enciende el fuego del terror y busca a la oscuridad.
Verás cosas tan maravillosas. 

domingo, 22 de septiembre de 2019

El zorro.

Historia tomada de 4chan.
"En septiembre del 2004 fui de vacaciones a Japón. En concreto, a un campamento en el área montañosa de Arashiyama, a las afueras de Kyoto. El lugar estaba a rebosar de turistas, por lo que decidí salir de los caminos de alpinismo más concurridos y dirigirme a los senderos más viejos del bosque y que conducían a las montañas.

Luego de caminar por un rato a lo largo de un sendero de terracería, llegué a un claro donde se encontraba un anciano. Imaginen el clásico maestro de película de artes marciales, con bastón de madera, un traje japonés de color azul y una barba larga y blanca. Al verme, el anciano me vio y aunque no hablo muy bien japonés, logré comprender que quería que lo acompañara y decía algo como que el bosque era muy peligroso para alguien de su edad y necesitaba que alguien lo llevara de vuelta a los caminos principales.
Accedí y emprendimos la caminata de vuelta. 

Durante el trayecto, el viejo empezó un monólogo sobre la belleza de la naturaleza, como el hombre corta los bosques y contamina la tierra; haciendo hincapié en que los humanos debíamos respetar y proteger el mundo. Jamás habló de sí, quién era o porque estaba ahí, o hizo pregunta alguna. 
Llegamos a una bifurcación luego de una hora de caminar. El anciano se despidió amablemente y me indicó qué camino tomar para volver a Kyoto; diciendo que su hogar se encontraba más allá en el otro. Le pregunté si no requería que lo llevara hasta su destino, pero se negó y me bendijo para luego reanudar su camino. 

Aquí caí en cuenta que el sol comenzaba a caer, así que hice caso al viejo y regresé por el sendero que me indicó. Lo cual fue un error, pues este parecía internarse en el bosque y dar varias vueltas, por lo que opté por volver. 
Al regresar a la bifurcación,  y ya alumbrando el camino con una linterna, encontré un zorro blanco sentado sobre una roca musgosa. Y les juro que el animal me veía con lo que creo que era una sonrisa burlona. Me quedé de pie, mirándolo hasta que se desapareció entre los arbustos cuando le apunté fijamente con la linterna.

Recuerdo haber leído leyendas japonesas sobre Kitsunes, espíritus con forma de zorro que cambian de forma y gustan de jugarle bromas a los hombres.
Y creo que fue lo que vi ese día en un bosque de Kyoto."

viernes, 20 de septiembre de 2019

El niño que enseña los dientes.

Entre los avezados a las historias de horror, parapsicología y folklore existe la noción de que no pueden existir los fantasmas de niños; ya que se les considera como seres puros y que no cargan con esas mandas, castigos o repercusiones que ocasionan que un alma quede varada en el mundo terrenal después de la muerte.
Por ello, se dice que la aparición de un infante no es otra cosa más que un demonio o alguna entidad del bajo astral que toma esa forma para engañar a sus víctimas. 

Es en Baja California Sur, donde se origina una leyenda que involucra a una de estas entidades; una escalofriante figura que aparece durante las noches y se conoce como 'el Niño que enseña los dientes' en lugares como la Paz y que ha permeado la cultura sudcaliforniana al grado de aparecer en compilaciones de relatos de horror, mitos y leyendas del estado. 

La historia reza más o menos de esta forma, de acuerdo con el cronista Rogelio Olachea Arriola: 
“Una vez, en altas horas de la noche, caminaba por la calle Reforma una señora de condición humilde y sus pasos eran lo único que se escuchaba en esa soledad. Al llegar al crucero de lacalle Ramírez donde se encontraba la tienda de los descendientes de don Martín Avilés, vio que venía a su encuentro un niño de aparentes 7 años, el cual pasó de largo sin tomar en cuenta a la señora. La luna iluminaba todo el lugar y la señora vio cómo el niño se ocultaba en la sombra de una casa; como estaba de espaldas, le preguntó: ¿Qué haces aquí niño? Te llevaré a tu casa con tu mamá. El niño no respondió nada, entonces volvió el rostro y enseñó a la señora unos enormes dientes y una sonrisa macabra, sin ojos y con una cara brillante como la losa. Entonces el fantasma se desvaneció en medio de unos ruidos extraños y la señora se desmayó”.

La historia concluye con la mujer despertando en la calle, rodeada de vecinos que acudieron una vez que escucharon sus gritos. Y se dice que a comienzos de la segunda mitad del siglo XX, las precarias y poco iluminadas calles de La Paz fueron sede de varios encuentros con este ser. 

Otra variante del mito trata sobre un hombre que volvía a casa a media noche después de una jornada laboral. Al caminar por una calle sin pavimentar y poco iluminada, el hombre notó que entre los campos al lado del camino había un niño en cuclillas cerca de un canal de riego. 
Lo llamó varias veces, sin éxito. Preocupado por la posibilidad de que el pequeño se ahogara entre las zanjas llenas de agua, se le acercó para ver de quién se trataba y averiguar qué hacía ahí o quienes eran sus padres. Sin embargo, al estar frente al pequeño; este alzó la cabeza y el hombre soltó un grito de terror al ver una espantosa aparición de ojos rojos, piel blanquisima y una boca sonriente y repleta de enormes dientes afilados. 
El hombre huyó lo más rápido que pudo, con las carcajadas de ese ser siguiéndole el paso hasta que entró a casa. Ya una vez en la seguridad de su hogar, el hombre relató a sus familiares lo ocurrido y estos le comentaron que el niño de los dientes era el demonio, y que llevaba un rato apareciéndose en el pueblo para llevarse a la gente. 

Sobre la identidad del niño que enseña los dientes, jamás se supo de qué se trataba. Hay quienes sostienen que es un fantasma, unos más que se trata del demonio en busca de almas y otra infinidad de versiones que van desde lo mundano como un niño en situación de calle y con una deformidad en el rostro; hasta aquellos que sostienen que el niño puede estar protegiendo un tesoro enterrado. 
Se le siguió viendo hasta que la modernidad llegó a La Paz y la luz eléctrica y la pavimentación acabaron con los recovecos oscuros y los caminos de terracería; hasta que por fin se le dejó de reportar a finales del siglo. Pero hasta el día de hoy, hay quienes dicen que si uno anda a solas por las calles de La Paz a medianoche, corre el riesgo de encontrarse con el niño que enseña los dientes. 

lunes, 16 de septiembre de 2019

El ave de la Montaña Owl's Head.

En la fría mañana del primero de febrero de 1985, una niña de nombre Landy Junkins salió de su casa en Bergoo, condado de Webster en Virginia del Oeste; con la intención de llevarle una canasta de comida a su vecina, la señora Warnick.
La señora Warnick vivía a un kilómetro de casa de los Junkins, y a eso de las diez de la mañana, Landy salió por un camino que conectaba las casas y atravesaba un páramo congelado. Esa fue la última vez que alguien supo de Landy Junkins, pues no llegó a casa de la señora Warnick. 
Al día siguiente, las preocupaciones de los Junkins crecieron debido a lo cruel del invierno ese año y la posibilidad de que la niña cayera a un estanque congelado, que fuese atacada por algún animal en busca de alimento o hubiese sucumbido al clima gélido. El señor Junkins y un grupo de vecinos emprendieron la búsqueda a través del kilómetro que dividía su hogar del de la señora Warnick. Y para su sorpresa (y terror), vieron la línea dejada por las huellas de Landy en el camino lodoso; la cual llegaba a la mitad y súbitamente desaparecía como si la niña se hubiese esfumado de la tierra.
Ese fue el inicio de las historias de horror que plagaron el condado Webster ese año. 

Dos días después, un granjero de nombre Hance Hardrick salió una mañana para cerciorarse de que las ovejas que mantenía en un cobertizo estuviesen bien. Al llegar, el señor Hardrick notó dos cosas inusuales. Primera, faltaba una de las ovejas más grandes. Y segunda, algo había perforado el tejado del cobertizo, hecho de tablones de madera y paja.
Hardrick buscó huellas que delataran al atacante, como pisadas en la nieve o rastros de sangre y lana de la oveja. No halló nada, y llegó a la conclusión de que lo que fuese que había roto el cobertizo debía ser un animal volador; y peor aún, lo suficientemente grande para cargar a una oveja adulta. 

En el 7 de febrero, el alguacil Rube Nihiser y su hijo se encontraban siguiendo venados cerca de la base de la montaña Owl's Head cuando escucharon el berrido de una cierva. Los dos hombres permanecieron impávidos cuando lograron ver a una enorme ave, más grande que cualquier águila conocida en América del Norte; atacaba a la cierva y a su cría. De acuerdo con Nihiser, el ave era más alta que un hombre y sus alas sobrepasaban por mucho a las de las águilas calvas, grullas y búhos que habitaban la región.
Nihiser falló al dispararle, y la gigantesca ave de presa salió volando con el cervatillo entre sus garras; luego de sacarle los ojos a la madre. 

Al día siguiente, un cazador de nombre Peter Swadley y su perro recorrían los bosques en el condado Taylor cuando algo descendió en picada sobre el hombre y lo acribilló con una lluvia de zarpazos y picotazos. Swadley narró su experiencia como si lo atacaran con varios cuchillos a la vez y un pico que más bien parecía el hacha de un leñador. El perro de Swadley, Gunner, se prendió de una pata de la gigantesca ave para defender a su amo; pero no tardó para que sus ladridos se convirtieran en chillidos cuando las garras del depredador alado se cerraron en torno a su cuerpo. 
El ave soltó un chillido ensordecedor y salió volando entre los árboles con Gunner. Al poco tiempo, un campesino que vivía cerca del bosque encontró a Peter y lo llevó a un doctor; donde narró lo que fue el único registro de un ataque del Ave de la Montaña Owl's Head. 

El diario del señor Bien Hecho - Parte 2.

Hola. 
Lo que temes no es aquello a lo que no puedes ver en las sombras.

Parece que las masas se reconfortan con la banal declaración de que 'la gente teme a lo desconocido'. La humanidad por alguna razón que desconozco, encuentra un extraño comfort en esta idea. Si la gente de verdad temiese a lo desconocido, estas palabras serían comparables a entablar contacto visual con el horror desgarrador que habita los recovecos más profundos de la psique humana.

No. Lo que temes no es aquello a lo que no puedes ver.
Es a lo que verás si miras por mucho tiempo. Verás a esa cosa que 'sabes' que está ahí. Intentarás persuadirte, de apagar esa punzada de pánico en tu cerebro al asegurarte que es simplemente un fragmento de tu subsconsciente jugándote bromas.
No lo es.
Sí, tememos a las sombras por una razón.
Esa razón no es aquella que tú crees.

martes, 10 de septiembre de 2019

Illvveli - Las Ballenas del Mal.

Las Illvveli (islandés para 'Ballenas del Mal') son criaturas importantes en el folklore de Islandia, apareciendo en la mitología de la región desde la época de las sagas Vikingas junto a otras criaturas como el Jormungardr y el Kraken en papel de antagonistas.

Estos seres, que se creía cohabitaban los océanos con el Kraken y las grandes serpientes marinas, eran únicamente rebasadas en tamaño por el colosal cefalópodo mitológico y tenían un rol igualmente diabólico; pues destrozaban barcos y se alimentaban de ellos. Eran tan temidos que solo había dos formas de evitar que destruyeran un barco: No mencionar su nombre para evitar llamarlas; y en caso de avistar uno, se debía contar con un hechicero oscuro o un practicante de magia lo suficientemente poderoso para detenerlo.

Se decía que estos demoniacos leviatanes eran incomibles, pues a diferencia de las ballenas su carne era venenosa o desaparecía en cuanto se le cocinaba; y se creía que si alguien llegaba a comerla, moría por una terrible maldición o se transformaba en un monstruo. De cualquier forma, la noción de devorar la carne de un Illvveli era tabú; y de comprobarse que se había hecho, la persona en cuestión era expulsada de la aldea o asesinada, por el temor que producía la idea de consumir a la ballena del mal.
En un variante del mito, existía la creencia de que se podía sobrevivir si al momento de encontrarla se navegaba en dirección al sol; pues los Illvveli temían a la luz solar y el solo verla los aturdía. Si se les hallaba de noche, la única opción posible de sobrevivir era nadar lo suficientemente rápido hacia la costa.

Afortunadamente, los Illvveli tenían ciertas debilidades y enemigos que los detenían, dependiendo de su tipo: El Raudkembingur (Ballena de Cresta Roja) moría al frustrarse si su presa nadaba con la velocidad necesaria para escapar; mientras que el Katthveli (Ballena Gato), era débil contra los ruidos y huía si los marineros le arrojaban cosas. Finalmente, el Taumafiskurs (Ballena con Bridas), podía ser repelido si se arrojaba al agua aceite de hígado de bacalao y flores.
Entre sus enemigos se contraba a las ballenas 'buenas', aquellas lo bastante grandes para enfrentarlas. La orca, el rorcual, la ballena boreal y el cachalote las enfrentaban en mar abierto; mientras que la ballena azul, considerada la más poderosa del océano; era considerada un aliado de los humanos contra los Illvveli, pues cada que veía uno, lo interceptaba y protegía a los botes y a las ballenas pequeñas. Por esa razón, para los islandeses el matar a una ballena azul podía significar una maldición y un fuerte castigo.

Sin embargo, con el pasar de los siglos y el avance de la navegación; los avistamientos de Illvveli desaparecieron del todo, y se llegó a la conclusión de que estos monstruos se habían extinto.

Skeljúngur - Su nombre significa Ballena con caparazón, y de todos los Illvveli, es la única cuya carne podía ser consumida por humanos y a veces ayudaba al hombre.
El Skeljúngur mide entre veinte y cuarenta metros de largo, es un animal de apariencia 'gorda' y a diferencia de las ballenas; no tiene aletas dorsales y sus pectorales son muy pequeñas. Se dice que el cuerpo del Skeljúngur está cubierto por conchas que hacen ruido conforme nada en el océano yque lo hacen invulnerable a cualquier proyectil.
El Skeljúngur era fanático de detenerse frente a las naves para obstruirles el camino y chocar con ellas para destruirlas. Existe una leyenda de que en la costa de Grimsey, un Skeljúngur fue cargado hacia la nave pesquera Minerva después de ser arponeado. El animal, que fingía estar muerto, regresó a la vida de un golpe y se sacudió hasta que el Minerva se desintegró por su fuerza.
Su debilidad es el sonido del hierro siendo raspado y afilado, y se cree que si el Skeljúngur escucha el sonido de un cuchillo siendo afilado; entrará en un estado de locura y se encallará a sí misma para escapar de él.

Raudkembingur - Ballena de Cresta Roja, la más sanguinaria y temida de las Illvveli; pese a no tener el tamaño o el poder de otras especies. Su ferocidad y el odio irracional que tiene hacia los botes la hace más temida que cualquier otro animal del océano.
Su carne es tóxica, y tiene la propiedad de desaparecer mágicamente una vez que se le expone al calor para cocerla o freírla. Su cresta, dependiendo de quien cuente la leyenda; puede ser una crin como la de los caballos, una serie de púas rojas o una aleta como la de ciertos peces; y corre a lo largo del cuerpo de la cabeza a la cola.
El mito describe a la Raudkembingur como un animal de aspecto parecido a un mosasaurio, marcadamente reptiliano  y con un cuerpo alargado y serpentino que mide entre diez y veinte metros de largo. Su presencia en una bahía hace huir a los pescadores y ataca fingiendo su muerte. Una vez que alguien se le acerca, la Raudkembingur cobra vida y ataca a las embarcaciones lanzando mordiscos a los cascos de las naves y a los tripulantes. Se dice que también es seguida por belugas y narvales, que se alimentan de los restos dejados luego de un ataque.
El odio de la Raudkembingur hacia el hombre es tal que si un bote escapa de sus fauces, se frustra tanto que muere por la desesperación; o sencillamente se muere de cansancio al intentar perseguir a su víctima.
Finalmente, una leyenda de la ciudad de Hvsalnes habla de un hombre que fue maldito por los espíritus de la naturaleza para convertirse en una ballena de color rojo que atacó los puertos de Faxafjord y Hvalfjordur hasta que intentó perseguir a un sacerdote en sentido contrario al cauce de un río. El animal murió de cansancio en el lago de Hvalvath y sus huesos se convirtieron en rocas que pueden ser vistas hasta el día de hoy.

Katthveli - Ballena Gato, llamada así por su forma achatada similar a la de una foca; pero con extremidades poderosas,  la boca de un leopardo, la fuerza de un león y el hambre de un sabueso; así como varios bigotes en su hocico y los sonidos que hacía, similares a los de un felino.
Es pequeña, con un tamaño máximo de ocho metros que compensaba con su ferocidad y una boca llena de afilados colmillos; así como un par alargado similar a los del jabalí. Se dice que al cazar, los ojos del Katthveli brillan y sus aletas terminadas en garras destrozan con facilidad los cascos de los barcos y los vientres de las ballenas por igual.
Pese a su forma regordeta, son rápidas y nadan con suficiente velocidad para alcanzar botes; preferiendo aquellos manejados por grandes grupos de remeros a los que devora. Uno de los encuentros más famosos fue el de una nave pesquera en la bahía de Héraldsflói, en el este de Islandia. Los marinos a bordo de la nave consideraron la idea de arponear a un Katthveli que los perseguía, pero prefirieron no hacerlo para evitar provocarla. La ballena persiguió el barco por unos cuantos kilómetros y después desapareció bajo las aguas.
En la isla Seley, en la costa oeste de Islandia; el explorador Ásmundur Helgason y su tripulación fueron atacados por una Katthveli que embistió su nave con tal fuerza que su cabeza atravesó el casco. De milagro, la nave de Helgason pudo llegar a la costa. 
Se cree que estos monstruosos mamíferos marinos viajan escondidos entre grupos de rorcuales y cardúmenes de peces.

Taumafiskur - Llamada 'Pez Brida', por las líneas que corren a los costados de su boca y que asemejan la brida de un caballo. Es la Illvveli más poderosa y temida, tanto que el solo mencionar su nombre en el océano la invocará.
En el este de Islandia se le conoce como Gran Cuerno Corto, y se le teme por ser cruel y vengativa; además de tener una memoria excelente y la tendencia a mantener tales rencores que pueden perseguir a alguien que escape a su ataque durante años.
Una leyenda popular es la de un ministro del este de Islandia, que sobrevivió al ataque de un Taumafiskur al subir a una formación rocosa luego de que se hundiera su bote. Después de ello, no pudo volver al océano durante el resto de su vida, pues cada que se acercaba a un muelle o a la orilla del agua; el Taumafiskur se aparecía de la nada, amenazando con matarlo en cuanto abordara un bote.
El Taumafiskur vuelca inclusive los más grandes navíos pesqueros, entonces los muerde y los despedaza con su cola. En algunos mitos, es tan grande que sus quijadas pueden doblar un barco a la mitad al atacarlo por debajo.
Para vencerlo, hay que arrojar sustancias al océano. Entre estas se encuentran la carnada en descomposición, agua aceitosa, aceite de hígado de bacalao, papel quemado, excremento de vaca y oveja, azufre, testículos de zorro y plantas como la milenrama o el enebro. Se dice que esto es más efectivo si se prende fuego a estos objetos antes de arrojarlos al mar. También pueden distraerse con ruidos fuertes y barriles arrojados al agua; aunque se les puede dejar ciegas si el barco navega en dirección al sol, pues la luz del astro rey es dañina para el Taumafiskur.

Lyngbakur - Pez Montaña, es el más grande de las Illvveli y también una de las bestias más gigantescas del mar; siendo solo rivalizada por el Kraken y la serpiente de Midgard.
Se le ve en raras ocasiones y a a diferencia de otras ballenas malvadas, no busca activamente los barcos con el fin de atacarlos. Es una nadadora lenta, y por el crecimiento rocoso en su espalda podría dar la impresión de una isla. De hecho, en la mitología vikinga se dice que la Lyngbakur pasa desapercibida hasta que despierta y se hunde, ahogando a cualquier pobre individuo que se encontrase sobre su lomo pensando que se trata de una isla.
Es tan grande que solo come una vez cada tres años, pero al hacerlo, abre su boca de forma tal que engulle a peces, tiburones, ballenas y embarcaciones al succionarlos. En el mito de San Brendan el Navegador de Irlanda, el santo y sus seguidores pasan la noche en una isla con poca vegetación y con rocas en lugar de arena a manera de costa. Mientras rezaban, la isla comenzó a sacudirse y San Brendan se percató de que efectivamente era un ser vivo; por lo que obligó a sus seguidores a abandonarla mientras él rezaba.
Se dice que la ballena perdonó la vida del hombre santo, y de hecho le permitió dar la misa de pascua sobre su espalda durante los años siguientes.
 Finalmente, el mito del Ragnarok reza que solo existe un Lyngbakur y se sabrá que el fin de los tiempos llega cuando este muera.

Sverdhvalur - Llamada 'Ballena Espada' por la espina o cuerno que surge de su espalda, es un animal descrito con el tamaño del cachalote y una boca repleta de colmillos como los del tiburón blanco. Su enemigo mortal es la ballena azul, y sus luchas titánicas pueden durar por horas hasta que uno de los dos muere. 
Usualmente nadan en familias pequeñas y su método de caza consiste en nadar debajo de una ballena para embestirla y atravesarle el vientre con su cuerno. Se dice que las ballenas como cachalotes y rorcuales prefieren encallarse en las playas antes que sufrir el ataque del Sverdhvalur; y que este monstruoso animal marino come únicamente la lengua de sus víctimas, dejando que los tiburones y otros peces devoren el resto del cuerpo.
 Atacan a las embarcaciones de manera similar, atravesándolas con sus cuernos y devorando a cualquiera que caiga por la borda. Sin embargo, son incapaces de atacar galeones y barcos grandes; pues los registros de una nave mercante de la edad media dicen que al viajar de Islandia a Copenhague, la nave se detuvo en medio de un grupo de ballenas y se sacudió súbitamente al ser 'jalada' por algo. Cuando el barco llegó a Dinamarca, los empleados de un astillero local encontraron el cuerno de un Sverdhvalur atorado en el metal del casco. 

Nauthvalur - Ballena toro o Ballena buey, es una gigantesca ballena solo superada por el Lyngbakur e inflige tal miedo en los marineros islandeses que se cree que solo mencionar su nombre en voz alta basta para invocarla.
Se le describe como una ballena con enormes fosas nasales que puede hacer resoplar como cuernos para niebla, y enormes cabezas con cuernos parecidos a los del toro. Pero su nombre no se debe a su apariencia, si no al poderoso bufido que emite y se asemeja al de un toro enfurecido.
 Los Nauthvalurs son animales de agua profunda, pues jamás se acercan a la costa y sus gruñidos pueden escucharse a kilómetros de distancia. Se dice que sus bufidos son tan fuertes que hacen temblar la tierra y las vibraciones pueden despedazar un barco de  madera. Por ello, zarpar hacia el océano está prohibido si se ha escuchado recientemente el bufido del Nauthvalur.
El Nauthvalur ataca a todo tipo de naves, pero se siente atraído en particular a aquellas que transportan ganado y otros animales. Se dice que el bufido de este animal es casi hipnótico para el ganado, obligándolos a saltar de riscos y ahogarse en el océano para devorarlos; por lo que las actividades de pastoreo quedan prohibidas por días en zonas donde el Nauthvalur ha sido escuchado.
Incluso, las comunidades costeras sacrificaban una vaca al Nauthvalur para satisfacer su hambre y que les permitiera pescar en paz. Cazar al Nauthvalur era algo casi imposible, y poco satisfactorio pues su carne era tóxica.

lunes, 9 de septiembre de 2019

El diario del Señor Bien Hecho - Parte 1.

Hola.
Soy el señor Bien Hecho.
Observé la copulación en que fuiste concebido y grité con horror. Te vi nacer como un parásito rosado y ensangrentado, y rechiné mis dientes con odio; rozándolos una y otra y otra y otra y otra vez hasta que se volvieron aplanados y lisos. 
Te miraré marchitarte y envejecer. Mientras tu cuerpo se seca y el peso de los años acaba con tu vitalidad. Sonreiré y reiré y reiré. Veré tu cuerpo sin vida ser bombeado de químicos y enterrado para alimentar a las bestias sin ojos que habitan el subsuelo. Y aullaré, porque sé a donde vas. 

Sé a donde vas.
Conozco los secretos de esta tierra, como conocía los de la anterior. Y traeré el Final. Y no puedes detenerme. 
Lees estos cuentos y no sabes que con cada uno que lees,  cada historia que cuentas una y otra vez, todos los mitos que tu gente y tú han creado; llamas el Final de las cosas.
Habrá algunos entre ustedes que intentarán verificarlos; buscarán desmentirlos. Quienes lo hagan con pasión, descubrirán que muchos son falsedades sobre seres, espectros, entes y demonios que no existen. Pero otros... otros serán deliciosamente perturbadores y te dejarán dañado por el resto de tus días; y unos más inclusive te arrancarán la piel. 

Y es apiel será usada para crear más y más historias. Torcidas y alargadas para llamar a más individuos curiosos. 
Y reiré. Mis dientes se apretarán tanto, tanto, tanto, que uno de ellos se agrietará con un chasquido satisfactorio. Mis ojos incapaces de parpadear, mirarán todo caer en el orden que debe ser. Mi mirada ancha y vacía, alegre de tu deliciosa agonía. 
Oh, estoy tan encantado. TAN ENCANTADO.

Porque mientras lees esto, seguro alguien se sentirá atraído. Esa parte enferma de tí que ansía El Final; susurrará en tu mente, obligándote a ver el horror, el sufrimiento, la sangre y la muerte. Querrás verlo. Querrás saber qué existe en la oscuridad más allá de la vista, el olfato, el sabor, el oído y el tacto.
Ven.
Ven y mira.
Te mostraré cosas maravillosas.

Nunca digas su nombre.

Basado en una historia real de 4chan.
No había escuchado el término 'skinwalker' hasta que llegué a Nuevo México.
Trabajo como contratista para una constructora en Estados Unidos, y se me asignó la construcción de un fraccionamiento en una comunidad al norte de Albuquerque. Pasé cerca de dos meses en el proyecto hasta que me asignaron a Nebraska, pero en ese lapso de tiempo vi cosas que me llevaron a evitar Nuevo México durante el resto de mi vida.

Pero es mejor que les explique desde un inicio. 
Soy una persona profesional y en cierto modo solitario, así que no me esforzaba en socializar; pero en los primeros días de nuestra estancia llegué a escuchar conversaciones fugaces entre mis compañeros, pláticas sobre que 'algo' afuera de los tráilers no los dejaba dormir durante la noche.
Como dije, soy solitario, y además de ello no era creyente en lo sobrenatural; así que deseché sus historias y achaqué todo ello a bromas entre los trabajadores o algún coyote o perro que anduviera por ahí en busca de sobras. De cualquier forma, jamás tuve problemas para dormir.

Esas historias pronto escalaron hasta convertirse en conversaciones largas sobre fenómenos paranormales y algunos relatos que habían escuchado de los pobladores en el bar local. Lo encontré entretenido, en la misma forma que disfrutaría una película de terror y todo siguió así hasta que Rick, uno de los albañiles, dejó de ir a trabajar. 
Una mañana no se presentó al sitio de construcción, así que enviamos a alguien a buscarlo. Yo no lo vi, pero el trabajador en cuestión me contó que lo había encontrado hecho un ovillo en una esquina de su habitación; murmurando una y otra vez una frase.

"Pezuñas. Ojos. Se estaba riendo."

Me sentí mal por Rick, pero siendo una persona escéptica me imaginé que debía ser por el estrés del trabajo y la jornada de ocho horas en el calor asfixiante de Nuevo México; todo eso más la falta de descanso debió provocarle una especie de colapso nervioso.
Pero para el resto del equipo, esto fue algo sobrenatural; pues en los días posteriores las historias de fantasmas se convirtieron en la teoría general de que una entidad fantasmal o un monstruo aparecía por las noches en el campamento; y discutían esto a todas horas. Llegó a pasar que mientras hablaban de ello en el bar, el bartender empezó a expresar su descontento sobre las historias y simplemente se retiraba a la parte trasera del local cuando los trabajadores empezarón a discutir una palabra nueva. 
'Skinwalker'.
La palabra no significaba mucho para mí, aunque de lo que llegué a escuchar descubrí que se trataba de una especie de hechicero o brujo malvado. Recuerdo que una noche en particular, uno de los trabajadores empezó a narrar historias sobre estos Skinwalkers mientras el resto del grupo lo escuchaba con la atención de un grupo de niños de kinder.
Llevaban un rato bebiendo, y sus voces eran fuertes; por lo que una buena parte de los otros comensales ya se veían fastidiados por esa ruidosa plática de borrachos.
Al mirar alrededor, pensando lo idiotas que debían verse; noté a un anciano con ropas de granjero que los escuchaba atentamente y tenía el rostro contorsionado en una expresión de enojo. El hombre debió darse cuenta de que lo veía, pues se levantó y caminó hasta el grupo de borrachos; con una mirada agresiva. A su vez, los borrachos le preguntaron qué quería, pero el granjero no respondió y se limitó a fulminarlos con la vista.
En ese momento me levanté, deseando que ninguno de esos ebrios fuera lo suficientemente imbécil para provocar una pelea. El anciano permanecía de pie, mirando en silencio mientras los trabajadores lo provocaban, y esto continuó hasta que eventualmente perdieron el interés en él y resumieron su plática sobre skinwalkers.
Al escuchar la palabra skinwalker, el hombre finalmente se decidió a hablar, y dijo con una voz cavernosa:

"Dejen de hablar sobre lo que no conocen."

Los borrachos se pusieron de pie, y me acerqué con la esperanza de que me vieran y se alejaran del viejo. Éste permaneció impasible ante ellos, ordenándoles no ser irrespetuosos y no meterse en cosas que salían de su comprensión. Esto los hizo enojar, y justo cuando uno de ellos se acercó agresivamente al anciano; me decidí a actuar.
Siendo su supervisor, los idiotas prefirieron largarse y no arriesgar a que los reportara; dejándonos solo al anciano y a mí. Me disculpé con el hombre y le expliqué que solo eran un montón de idiotas que no sabían controlar como bebían. En ese momento, el hombre sencillamente me dijo que tuviera cuidado, que la gente local no quería hablar del tema y que hablar de Skinwalkers solo traería la clase de atención que no querríamos recibir. 
Tratando de permanecer cordial, me limité a asentir y le reiteré al hombre que vigilaría a mi equipo para evitar otro incidente.

Volví al campamento horas más tarde y de camino a mi tráiler, vi a uno de los borrachos; en concreto aquél que quería golpear al anciano. Dormía en una silla plegable frente a su tráiler, con una cerveza en la mano. No me importó dejarlo ahí, así que lo ignoré y seguí de largo para ir a dormir.
Desperté después de las tres de la mañana con los gritos de los trabajadores afuera del tráiler. Salté de la cama, me vestí y salí todavía algo dormido; para encontrar con que casi todos los trabajadores estaban reunidos cerca al tráiler del borracho dormido; gritando improperios y oraciones en igual medida. 
Supuse que el borracho debió haber sufrido un infarto, así que como responsable me abrí camino entre el tumulto hasta que una peste casi me provocó el vómito. No era un infarto. Era algo peor. 

El borracho, cuyo nombre ya no recuerdo, se había suicidado.
Al parecer, había roto la botella y usado un trozo de cristal para rajarse la garganta de lado a lado. Esta vez, fue suficiente para hacerme vomitar; así que me retiré a un terreno baldío junto al campamento para que no me vieran hacerlo. 
Acababa de vaciar mi estómago cuando escuché un ruido cerca. Algo se movía entre los arbustos del terreno, y pensando que podría tratarse de un coyote o un perro salvaje; miré a todos lados en busca de lo que producía el sonido. Podía ver las luces del campamento al otro lado de la barda que lo separaba del baldío, pero de ahí en fuera no había más iluminación allá de la luz de la luna y las estrellas en el cielo. 
Escuché otro ruido, esta vez más lejos y dirigí la mirada hacia él. Detrás de una línea de árboles, vi la inconfundible figura de una persona a cuatro o cinco metros; y pensé que a lo mejor debía ser uno de los trabajadores. Lo llamé. Y no tardó mucho en que cayera en cuenta de que había cometido un error.
Al gritarle que se identificara, no hubo respuesta. 
La persona se giró para encararme y emprendió el andar hacia mí. Algo en su movimiento me resultaba extraño. Perturbador. Se tambaleaba, pero no como un borracho; si no con los mismos pasos inseguros y torpes de un pequeñito que apenas aprende a caminar. Imaginen pues, a un bebé que todavía no domina el movimiento de sus piernas.
Grité de nuevo y esta vez sí hubo respuesta.
La voz que emergió de su garganta me heló la sangre. Sonaba inhumana y no sé como describirla exactamente, pero si pudiera compararla con algo, diría que parecía un perro que intentase hablar como un hombre. A esto se sumaron una serie de convulsiones que estremecieron al ser, y eso fue lo que de verdad me aterrorizó.

No comprendía las palabras que intentaba decir, y fue hasta que emergió de las sombras de los árboles que la luna lo iluminó de lleno y vi que no se trataba de un hombre o de un animal que conociera. Era algo más. Algo malvado y antinatural.
Su cuerpo era un híbrido del borracho suicida, el hombre a quien acababa de ver muerto minutos antes; y algo que parecía una cabra o un ciervo: La piel se veía alargada y como un rompecabezas de piel humana y pelo de animal, su rostro parecía una máscara de hule estirada sobre un cráneo animal y sus piernas tenían articulaciones como las de un animal de cuatro patas; terminados en pies con forma de pezuñas. 

La cosa dijo otra cosa, pero para ese momento ya había echado a correr.
Hui, esperando que no me persiguiera y como todos estaban enfocados en el cuerpo del borracho; nadie notó lo mal que me veía o la forma en que entré corriendo a mi tráiler. Ya adentro, tomé unos tragos de alcohol para calmarme y llamé al sheriff local; que ya se encontraba en camino luego de que un trabajador reportase la muerte del borracho.
Me senté en el tráiler, sin saber qué hacer y esperé que el sheriff llegara. Solo entonces me animé a salir, porque una parte de mí sabía que esa cosa seguía allá afuera. 

La muerte del borrachín trajo muchos problemas que terminaron con el proyecto de construcción. Demandas de su familia, investigaciones por un posible homicidio y varias quejas de los clientes que nos habían contratado. Después llegó una demanda porque no se completó el trabajo, y la verdad es que nadie quería regresar a trabajar luego de que los empleados dijeran que habían visto 'algo' inhumano rondando el sitio de construcción después de la muerte del borracho; y un puñado incluso renunció luego de escuchar la voz del difunto hablándoles por las noches, invitándolos a salir de sus tráilers.

No supe más.
De hecho, fui de los primeros que se largaron luego de que se cancelara el proyecto. Pero sentí que debía ir al bar y buscar al anciano con quien hablé anteriormente; para preguntar si sabía algo al respecto de la criatura que vi detrás del campamento. 
Afortunadamente, lo encontré sentado en el mismo lugar, bebiendo un tarro de cerveza. Me le acerqué para entablar conversación, pero él se dio cuenta de mi presencia y comenzó a hablar antes de que yo siquiera pudiese decirle un 'hola'. 

"Les advertí que no anduvieran por ahí hablando de esas cosas sin pensar en las repercusiones."

"Se suicidó, ¿o fue un skinwalker?", pregunté. El anciano me miró de vuelta con fuego en los ojos y replicó en un tono muy serio:

"No digas su nombre. Nunca sabes quién te escucha."

Con ello, se levantó y salió sin decir otra cosa.
Esa fue la última vez que dije la palabra 'skinwalker' en voz alta.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Dobhar-chú - El Cocodrilo Irlandés.

No es desconocido para muchos, que las islas británicas cuentan con una gran cantidad de leyendas sobre las criaturas acuáticas que supuestamente habitan en sus lagos, ríos y costas. Del famoso monstruo del Lago Ness al Morag, el terrible Nuckelavee o el extraño ser de la isla Canvey; hay cientos de reportes sobre encuentros con críptidos anfibios que datan desde las épocas previas a la ocupación romana y que en muchas ocasiones han pasado a formar parte de la mitología de Bretaña, Irlanda, Gales y Escocia. 
Esta es la historia de un críptido legendario poco conocido, el Dobhar-chú, también llamado Sabueso de Agua, Amo Nutria o Cocodrilo Irlandés. 

Hace unos años, el sitio web Blather.net contactó al reconocido criptozoólogo Karl Shuker con información relevante a un extraño descubrimiento: Una lápida que databa del año 1722 y que parecía describir la muerte de una mujer en la localidad de Leitrim por obra de uno de estos seres. 
La lápida cuenta con un dibujo que representa una nutria empalada por una lanza sostenida por una mano invisible; junto al nombre de Grace McGlone y el siguiente texto:

"CUERPO DE GRACE MCGLONE, ESPOSA DE TER MAC LOGHLIN QUE MURIÓ EL SÉPTIMO MES EN EL DÍA VEINTICUATRO DEL ANNO DOMINI MDCCXII". 
Lápida de Grace McGlone
Este dato parece corroborar una vieja leyenda contada en los alrededores del lago Glenade, así como la existencia de una segunda lápida en el extremo sur del lago; la cual también pertenecía a otra mujer asesinada por un Dobhar-chú. 
La leyenda reza lo siguiente:

"Una mujer llamada Grainne, esposa de un hombre del clan McLoghlin, que vivía con su esposo en la ciudad de Creevelea en la esquina nor-oeste del Lago Glenade, llevó sus ropas a la orilla del lago para lavarlas. Al no regresar, su esposo acudió a buscarla y halló su cuerpo ensangrentado junto al lago, con el Dobhar-chú dormido en su regazo.
Retornó a su casa por su daga, escabulléndose hacia el Dobhar-chú y condujo el cuchillo hacia su pecho. Antes de morir, silbó en busca de sus amigos; y la gente vieja del lugar, que sabía de los procederes de los animales, advirtió a McLoghlin que huyera por su vida. Cabalgó, con otro hombre acompañándolo. Un segundo Dobhar-chú salió nadando del lago y corrió tras ellos.
Dándose cuenta de que no podrían perderlo, se detuvieron cerca de unas viejas murallas y condujeron sus caballos a través de un viejo arco de piedra. El Dobhar-chu se abalanzó sobre ellos, pero ya lo esperaba un hombre, quien lo apuñaló para matarlo."

El Cocodrilo Irlandés.
Aunque poco conocido en comparación al Monstruo del Lago Ness o el Kelpie, la verdad es que los pueblos originarios de las Islas Británicas han narrado historias sobre el Dobhar-chú desde tiempos inmemoriales; y su nombre, incluso proviene del término dobharchu, una palabra en viejo irlandés para describir a las nutrias. 
Dobhar es un cognado antiguo en los lenguajes celtas, mientras que el 'chu' se convierte en Cú; y el ser obtiene nombres tales como Dobarcu, Doyarchu o Dhuragoo dependiendo de la región donde se narre su historia. En ciertas regiones de Inglaterra, su nombre se traduce exactamente como Sabueso de Agua o Sabueso de las Profundidades; y se le describe como un híbrido monstruoso de nutria y perro, con un tamaño aproximado de dos metros. 
El término moderno, 'Cocodrilo Irlandés', proviene del libro de 1684 "Una Descripción Corográfica del Oeste de H-Lar Connaught" a la hora de hablar del lago Mask. El autor, Roderick O'Flaherty describe a "una rareza denominada como cocodrilo irlandés" y recopila el relato de un hombre que en 1674 encontró al ser.

"...Espió a la distancia la cabeza de una bestia nadadora, la cual pensó era una nutria y no le tomó mayor importancia. Pero entonces la bestia alzó su cabeza, para discernir la ubicación del hombre y se hundió bajo el agua, emergiendo de nuevo con gran fuerza y apresando al hombre por el codo; arrastrándolo hacia el agua."

El modo de ataque, similar al de los grandes cocodrilos africanos y americanos; llevó a O'Flaherty a denominarlo 'Cocodrilo Irlandés'; pese a la descripción de la bestia como un animal con el color de un sabueso, pero de piel negra y babosa. 
En la narración posterior, O'Flaherty hace notar que los hombres que viven en las orillas del lago tienden a encontrar cuerpos de animales a medio comer en una cueva que se expone cuando baja la marea y que al monstruo lo conocen como 'Dovarchu' o 'Anchu'. 

Del Dobhar-chú, existen datos que hacen pensar más en un animal que en un ser de leyenda como el Kelpie. Por ejemplo, se le describe como anfibio, agresivo y veloz; con un apetito por la carne del hombre, el caballo y el perro; que vive en parejas y que cuando uno muere, el otro emerge del agua y caza a quien haya matado a la primer bestia; usualmente devorándolo a manera de venganza. Esto ocurre pues, debido a que cuando el Dobhar-chú se encuentra moribundo; emite un chillido agudo para avisar a su pareja. 
Una columna en la edición de 1896 del Diario de la Real Sociedad de Anticuarios de Inglaterra habla de un ser 'parte lobo, parte perro y parte pez'; artículo que obtuvo una respuesta escrita por un hombre que describía al Dobhar-chú como el rey de los lagos y padre de todas las nutrias. 

El Padre de las Nutrias.
Al Dobhar-chú en su aspecto de Padre de las Nutrias, se le describe como nativo de los lagos de Sraheens, la isla Achill y el condado Mayo; donde se le encuentra en gran número y tienen lugar la mayoría de encuentros en la época moderna.
Criptozoólogos sugieren que el Dobhar-chú es un animal migratorio y que solo se les encuentra en el lago de Sraheens durante una época del año. Por ejemplo, en el año 2000, una pareja dijeron haber visto un Dobhar-chú en la isla Omey; y lo describieron como un animal grande, oscuro y con manchas naranja en las aletas que nadaba por el lago a gran velocidad. 

Con toda la evidencia presentada, hay diversas explicaciones respecto a la identidad del Dobhar-chú, que van desde lo creíble hasta lo más fantasioso. Por ejemplo, se sugiere que Bessie, el monstruo del Lago Erie en Estados Unidos podría estar relacionado y sería un Dobhar-chú que siguió a los inmgirantes irlandeses; mientras que otra criatura fue avistada en el verano de 1992 en el lago y mató a tres personas; y una más que atacó a nadadores en Port Dover, Canadá en agosto de 2001. 
¿Pero qué podría ser el Dobhar-chú?

La Nutria Gigante.
Reconstrucción de la Siamogale Melilutra.
La Nutria Gigante (Pteronura brasiliensis) es el ejemplar más grande de los mustélidos, familia que incluye a las nutrias, tejones, minks, glotones y comadrejas; y que alcanza una longitud de 1.70 metros de largo. 
Pero hay evidencia de que en el pasado, existía una nutria del tamaño de un lobo que podría haber sido un terrible depredador similar al concepto del Dobhar-chú. 
Descubierta en China, la nutria Siamogale Melilutra vivió aproximadamente hace seis millones de años y pesaba cerca de 60 kilogramos; con poderosas quijadas que le podrían haber permitido tener una mordida increíblemente fuerte y comparable a la de los grandes felinos y las hienas. 
Usando simulaciones por computadora, se determinó que las quijadas de la Siamogale Melilutra poseían la fuerza para resquebrajar las conchas de moluscos y quebrar huesos de aves y mamíferos. 
El nombre de la especie china, 'Melilutra', significa "nutria tejón"; en referencia a los molares y el cráneo del animal; que le conferían un aspecto similar al de los tejones  y glotones del norte de América y Europa. 

Una foca carnívora.
La foca leopardo (Hydrurga leptonyx).
En los confines de la Antártida, existe la foca leopardo (Hydrurga leptonyx), también conocida como leopardo marino. Es una foca agresiva e hipercarnívora cuyo único depredador natural es la orca; y entre sus presas se encuentran calamares, krill, peces, pingüinos y otras forcas; incluídas sus parientes las focas de Ross, la cangrejera y la de Weddell.
Al igual que el Dobhar-chú de la leyenda, la foca leopardo es un animal de gran tamaño, muscular y con una cabeza extrañamente parecida a la de los dinosaurios carnívoros; de fuertes quijadas y dientes de 2.5 centímetros de largo que le permiten destrozar hueso y carne con facilidad. 
Tiende a cazar sumergiéndose bajo el agua, esperando a que su presa entre al océano. Una vez detectada, la foca nada a gran velocidad e impacta a su víctima con fuerza, sacudiendo el cuerpo vigorosamente hasta matarla; un comportamiento parecido al de los cocodrilos y su 'giro mortal'. 
Como un dato interesante, es el único pinípedo que se sabe ha atacado y asesinado personas. En la expedición Imperial Trans-Antártica de 1914, una foca leopardo intentó perseguir al explorador Thomas Orde-Lees a través del hielo. En 1985, el explorador Gareth Wood fue mordido dos veces en la pierna cuando una foca intentó arrastrarlo hacia el mar y solo logró salvarse luego de patear al animal en la cabeza repetidamente. También está registrado que estas focas tienden a atacar botes inflables para hundirlos y que la única fatalidad confirmada ocurrió en el año 2003, cuando la bióloga Kirsty Brown fue arrastrada más de 61 metros bajo el agua hasta ahogarse. 

Arqueocetáceo.
Reconstrucción del Ambulocetus.
Otra teoría popular aunque descabellada, maneja la posibilidad de que el Dobhar-chú pueda representar una variedad aún no descubierta de ballena primitiva; un fósil viviente del orden de los arqueocetáceos o Archaeoceti (en latín, "ballena antigua"); también conocido como Zeuglodonte en antiguos escritos de paleontología.
Las ballenas antiguas o arqueocetáceos, son un grupo de animales que habitaron la tierra entre los periodos Eoceno y Oligoceno; aproximadamente entre 50 y 20 millones de años atrás. Representan lo que se conoce como cetáceos basales, las primeras formas anfibias en la evolución de las ballenas y antecesores directos de las órdenes modernas de cetáceos. 
Se cree que se originaron en los mares poco profundos que dividían India y Asia hace 50 millones de años, y que poseían hasta una treintena de especies que con los siglos posteriores desarrollaron adaptaciones para la vida acuática como la ecolocación y las barbas para filtrar microorganismos. 
Sus fósiles se han encontrado en sitios como las costas de América del Norte, África Occidental, Sudamérica, Groenlandia y las costas norteñas de Europa. 
Las ballenas están relacionadas con un género antiguo de ungulados carnívoros conocidos como Mesoníquidos, que podrían ser descritos como lobos con pezuñas. Con el tiempo se adaptaron a la vida en el agua, hasta evolucionar en el Ambulocetus; un carnívoro descubierto en Pakistán en 1994 y que de manera sorprendente, poseía una anatomía parecida a la de un cocodrilo y posiblemente habitaba agua dulce y salada. 
El Ambulocetus contaba con patas alargadas y poderosas, una cola muscular para impulsarse en el agua y quijadas que le permitían apresar a su víctima y arrastrarla al agua; de manera similar a los cocodrilos. Algunos criptozoólogos consideran que el Dobhar-chú, de ser real, podría ser una criatura parecida al cocodrilo tanto en apariencia como hábitos; y por ello posiblemente un representante sin descubrir del género de los Ambulocetus.

domingo, 28 de julio de 2019

El Koolakamba - El simio anómalo de Camerún.

Oficialmente, existen ocho especies de grandes simios reconocidas por la ciencia: El ser humano, el chimpancé común y el bonobo, los orangutanes de Borneo, Sumatra y Tapanuli; y las dos variedades de gorila que habitan en África.
Pero desde siempre han existido relatos de hombres 'salvajes' que combinan rasgos de hombre y simio. Desde los relatos de Plinio el Anciano hasta los modernos cuentos sobre antropoides críptidos como el Sasquatch, el Yeti o el Yowie; todavía se mantiene firme la creencia sobre que en ciertos rincones del globo son el hogar de 'hombres bestia'. Y esta teoría no resulta descabellada, pues por siglos los exploradores y colonos europeos escuchaban relatos de los nativos africanos sobre una raza de feroces hombres bestia con una gran fuerza.

En este caso, fue en el siglo XIX que el explorador francés Paul du Chaillu se encontró con lo que hoy se conoce como el gorila en las selvas de Gabón y Camerún; por lo que varios grupos de criptozoólogos sostienen que todavía hay una posibilidad de que regiones alejadas del planeta contengan especies de homínidos sin descubrir.
Curiosamente, además de catalogar al gorila y al chimpancé; los registros de du Chaillu hacen referencia a una criatura que denomina Koolakamba; a partir de los sonidos que hace y que son descritos por los nativos de la zona como un fuerte "¡Kooloo!".
De acuerdo con du Chaillu; el Koolakamba es un ser parecido al chimpancé, pero con un tamaño mayor, una cabeza grande y proporciones más similares a las del hombre. Y menciona que prefiere caminar en dos patas, a diferencia del chimpancé y el gorila.
Diferencias morfológicas entre cráneos de chimpancé, humano y gorila. 
Pero a diferencia de los otros dos grandes simios, y pese a la extensa recopilación de datos presentada por du Chaillu; el Koolakamba jamás fue reconocido por la ciencia y nunca se encontró un especimen vivo para corroborar los diarios del francés. Científicos que han investigado el tema sugieren que el Koolakamba podría haber sido un híbrido entre el gorila y el chimpancé; evidencia apoyada por Koppenfelds en el año de 1881, quien estaba convencido de que el animal era un híbrido y existía en regiones donde ambos primates compartían rangos de vivienda.
Koppenfelds escribió un tratado donde exponía que el Koolakamba era el producto de la cruza entre un gorila macho y una chimpancé hembra; a la vez que otros investigadores contemporáneos sugerían que sí, el Koolakamba podía ser real pero no un híbrido, si no una especie no reconocida y que podría ser el dichoso 'eslabón perdido' entre el hombre y los demás homínidos. Otros más exponían el hecho de que el Koolakamba podría ser únicamente un chimpancé anormal, producto de una mutación genética; cosa que se desmintió rápidamente al presentar evidencias de que los nativos de la región contaban con historias pasadas de generación en generación sobre el Koolakamba, lo que descartaba la idea de que se tratara de un animal mutante.

Las teorías de du Chaillu quedaron olvidadas hasta 1960, cuando el primatólogo Osman Hill mencionó que estaba casi seguro de que en los grupos de chimpancés que había investigado en la región de Holloman; podría haber especímenes del Koolakamba.
Hill observó variaciones entre los primates que coincidían con las descripciones de du Chaillu; en concreto la existencia de hocicos cortos y una variación en la forma de las orejas de los animales. Incluso Hill decía tener evidencia fotográfica sobre chimpancés de tamaño descomunal y postura bípeda, sosteniendo siempre que seguro se trataba de una subespecie de chimpancé y no un homínido sin descubrir.

En 1996, surgió un nuevo debate a raíz de la existencia de un chimpancé extraño en el zoológico de Yaounde, en Camerún. El animal era un simio grande, con un rostro cuadrado, una quijada poderosa, un cráneo muy grande y ojos vagamente humanos; por lo que se creyó que podía tratarse de un híbrido de chimpancé y gorila; y por ende, del fabuloso Koolakamba.
Desafortunadamente, el mono del zoológico Yaounde murió sin que se le pudieran realizar exámenes de ADN y nunca se comprobó si era un animal distinto o sencillamente un chimpancé anómalo.
Única fotografía conocida del chimpancé del zoológico Yaounde. 

sábado, 27 de julio de 2019

La intrusa en la morgue.

Historia anónima.
Esta historia le ocurrió a mi padre hace unos años, cuando se desempeñaba como guardia de la morgue en un importante hospital general del bajío, en el centro de México.
Mi padre era policía, y se le asignó el cuidado de la morgue en una época donde por la violencia de la guerra contra el narco; llegaban varias víctimas durante las noches. Había ocurrido que comandos armados entraban a los hospitales para rematar a sus objetivos si es que estos habían sobrevivido, a extraer cuerpos de sicarios o simplemente con motivos de intimidación. 
Era una noche cálida de verano, justo en medio de la famosa canícula; y mi padre estaba cubriendo el turno de las 11 de la noche a las 6 de la mañana junto a otro compañero a quien llamaré Miguel. Mi padre se encontraba afuera del hospital, tomando un café a eso de las dos de la mañana cuando recibió una llamada de Miguel en el radio. 
Miguel le explicó que un empleado de mantenimiento había estado trapeando un corredor cerca de la morgue cuando alcanzó a ver a una silueta corriendo de un lado a otro al final del pasillo. Sin saber qué hacer, llamó a los elementos de seguridad y no tardó mucho para que mi padre se reuniera con Miguel y el empleado les diera su testimonio. 

Pensando que podía tratarse de algún miembro del crimen organizado, los dos entraron al sótano del hospital y anunciaron su presencia; pidiéndole a quien estuviese dentro, que se rindiera y saliera con las manos en alto. Nadie les respondió, y más sorprendente aún, no había rastros de que alguien hubiese entrado por las otras puertas que conectaban con el piso superior del hospital. 
Se dividieron para cubrir más terreno y mi padre se encontraba subiendo las escaleras al primer piso cuando recibió una llamada de Miguel; que le decía que había visto al intruso correr a lo lejos, y que se trataba de una mujer. Luego de reunirse, Miguel y mi padre corrieron en dirección al pasillo por donde había desaparecido la mujer; y fue ahí que la vieron cerca de un corredor poco iluminado.

La mujer estaba frente a una puerta gris, de metal. Las luces en esa área del hospital fallaban mucho, y a esa hora se encontraban apagadas; por lo que no pudieron verla claramente. De lo que se distinguía, iba desarmada y llevaba un vestido que le llegaba abajo de las rodillas, zapatos de piso y una cabeza llena de esponjado cabello negro y le cubría las facciones. 
Miguel le habló a la mujer, preguntándole quién era. 
No hubo respuesta. En lugar de ello, la mujer abrió y entró a la habitación; azotando la puerta detrás de sí. Le tocaron y gritaron que abriera, sin respuesta alguna. La mujer había asegurado el cerrojo, así que la única forma de abrir fue llamar a mantenimiento y pedirle las llaves. 

Cuando el empleado de mantenimiento llegó y escuchó lo que había ocurrido, les lanzó una mirada de confusión y preguntó si estaban seguros de lo que había ocurrido. Mi padre le dijo que sí, a lo que el empleado le respondió que era imposible; pues esa habitación no tenía forma de cerrarse desde adentro.
De cualquier forma, les abrió y los dos entraron apuntando con sus armas. Llevaban linternas, así que barrieron cada centímetro de la habitación con ellas en busca de algo; pero no había rastro alguno de la mujer o de cualquier cosa fuera de lugar, más allá de un olor desagradable y dulzón que mi padre no pudo identificar en un principio; pero le causó bastante repulsión.

El empleado de mantenimiento entró después de ellos y encendió las luces de la habitación. Efectviamente, el lugar estaba vacío con excepción de algunas herramientas en anaqueles y dos planchas de metal. Una estaba vacía, y la otra cubierta con una sábana y lo que parecía ser un cuerpo.
Ahí estaba la mujer, oculta y haciéndose pasar como un cadáver en el área de la morgue. Mi padre se acercó a ella, diciéndole que todo había terminado y que era mejor rendirse. Al aproximarse, percibió de nuevo el aroma; esta vez más fuerte. Era el olor de un cadáver.
Al retirar la sábana, mi padre sintió como se le encogía el corazón y Miguel dejó salir una maldición bastante fuerte. 
Ahí, bajo la plancha y ya con rasgos de lividez cadavérica; estaba esa mujer. Desnuda, con el esponjado cabello negro hecho una pasta y enmarcando su rostro; acrecentando aún más el aspecto tétrico de sus mejillas demacradas y las venas oscuras en ellas. 
La etiqueta atada en el pulgar del pie derecho decía que había muerto cuatro días atrás. 

jueves, 11 de julio de 2019

El Keelut

Al igual que en muchas otras mitologías, los Inuit de Alaska y el norte de Canadá cuentan con leyendas sobre animales sobrenaturales que parecen odiar al hombre. Junto al Kooshtaka, el Amarok o el Aklut; el Keelut es uno de los más temidos seres de las leyendas que los esquimales solían contar durante las oscuras épocas sin sol en el círculo polar ártico.

El Keelut, también conocido bajo otros nombres como Qiqirn, Ke'lets o Qiqion es un espectro del inframundo que aparece únicamente durante el invierno y toma la forma física de un perro despellejado casi por completo, con excepción de sus patas; las cuales van cubiertas de grueso pelaje que le ayuda a borrar sus huellas. 
Esta adaptación le permite al Keelut el perseguir a su presa, por lo regular humanos; sin que estos se percaten. Aunado a esto, este monstruoso espíritu canino también es fanático de desenterrar cadáveres y devorarlos; por lo que la tradición Inuit sugiere que también actúa como un augurio de la muerte. 

Sin embargo, su poder más peligroso es el de provocar convulsiones en sus presas con solo verlas; hacerlas olvidar a donde se dirigían o matarlas de hipotermia. Una vez que su víctima está indefensa, el Keelut entonces comienza a devorarla. Afortunadamente, es fácil ahuyentarlo; ya que le teme al ruido y los gritos, así como el llamarlo por su nombre pueden hacerlo correr. Aunque esto también resulta difícil, pues el Keelut es un gran cazador y por lo regular sus víctimas ni siquiera se dan cuenta de su presencia hasta que es muy tarde.