sábado, 19 de septiembre de 2015

El hombre.

"Cuando vivía en mi ciudad natal, mi sobrino siempre decía que había un hombre que me seguía. En un principio no pensaba mucho al respecto, porque siempre me imaginaba que era solo un invento o que estaba jugando conmigo.
Al menos hasta que adoptó la costumbre de correr y cerrar la puerta detrás de mi cada que iba de visita. Me decía que el hombre malo sin ojos se acercaba más y más cada que estaba afuera de la casa.
La sola idea me dio escalofríos, pero seguí con la idea de que no era más que la mente de un niño imaginativo. Busqué en internet alguna historia sobre "el hombre malo sin ojo", pero sin éxito alguno. Todo siguió como siempre hasta que unos días después; el temor de mi sobrino fue tal que comenzó a mojar la cama en las noches.
Me cansé, y le pedí que me lo describiera.
La imagen mental que vino a raíz de ello fue algo que me heló la sangre. Decía que era un hombre alto, vestía un abrigo viejo y que no tenía ojos. Que siempre caminaba lentamente con los brazos extendidos, como si intentara agarrar algo. O alguien.

En una ocasión que me tocó cuidar al niño mientras mi hermano trabajaba (era guardia de seguridad) durante la noche, decidí dormir en el piso de su habitación para hacerle compañía y ver qué rayos pasaba.
Lo que ocurrió, bueno... no lo olvidaré jamás.
Desperté poco después de media noche gracias a un ruido. Me tomó unos segundos darme cuenta de qué se trataba: algo, o más bien alguien, golpeaba suavemente el cristal de la ventana. Su sombra, que estaba proyectada en la pared opuesta a la ventana, era desconcertante. Sí, era sólida pero tenía una cierta transparencia... como una medusa o una estatuilla de cristal oscuro. 
Era inconfundiblemente humana... pero parecía mucho más grande que un humano normal. Alargada, deforme. 
Mientras estaba ahí idiotizado, tratando de reaccionar o siquiera entender de qué se trataba; mi sobrino despertó gritando. "¡El hombre sin ojos! ¡Está aquí!"
Eso me devolvió a la realidad, y fue un milagro que no me cagara del miedo. Esa cosa seguía en la ventana, chocando como un insecto particularmente estúpido e incapaz de romper el cristal. Tomé al chico y corrí con él al otro extremo de la casa, donde llamamos a mi hermano por teléfono.
Dejé a mi sobrino en el hueco debajo de la escalera, donde estaría seguro porque no había ventanas; y me asomé varias veces al exterior de la casa. No vi al ser en concreto, pero sí me di cuenta de que había sombras que parecían mucho más oscuras o daban la impresión de moverse. Esa cosa, lo que sea que fuese, seguía ahí.
Esperando. Acechando.
Pasó una hora antes de que llegara mi hermano,  y al entrar vi que estaba enojado conmigo. "¿Qué mierda hacías allá afuera? ¡Debías estar aquí cuidando al niño!", me gritó. Le respondí que había estado en casa todo el tiempo, pero él se limitó a decir que no mintiera, que me había visto moverme entre los arbustos del frente de la casa mientras conducía de regreso.
Jamás salí de la casa.

Después de eso me mudé al cabo de unos meses, y desde el incidente ha pasado poco más de un año. 
Hace unos días, mi hermano y su hijo vinieron de visita; y en un momento que me encontraba a solas con el niño, éste me contó que había visto otra vez al hombre sin ojos. Ese mismo día mientras viajaban en la autopista. Esa cosa salía de un lado del camino y caminaba hacia el auto, estirando los brazos y tambaleándose como un zombie de película.
No sé qué pensar o hacer al respecto."

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