martes, 2 de febrero de 2016

El Hombre Lobo, parte 1 - Orígenes.

Licantropía.
Del griego lykos, "lobo", y anthropos, "hombre".
Para nadie es desconocida la imagen del Hombre Lobo, una persona bajo una extraña maldición que lo lleva a sufrir una transformación dolorosa durante las noches de luna llena. Al ver la luna, el cuerpo del afligido pasa por una metamorfosis dolorosa que lo torna en un híbrido perfecto de bestia y hombre, una criatura astuta, despiadada y con adicción al consumo de carne humana.
El Hombre Lobo es inmune a las armas convencionales, se regenera de la mayor parte del daño recibido y es suficientemente fuerte para destrozar a un hombre adulto con las manos. Su debilidad, sin embargo, es la plata. El solo roce de este metal con su piel basta para producirle graves quemaduras; de ahí que algo tan simple como una bala de plata baste para acabar con su vida.
Pero la historia del Hombre Lobo originalmente variaba de lo que conocemos hoy gracias a películas como The Howling, An American werewolf in London o Van Helsing. La licantropía como temor general de la humanidad tiene comienzo en la época antigua, y es una rica tradición que involucra no solo monstruos, si no hechiceros, feroces guerreros vikingos y ritos chamanísticos.

Berserkers, chamanes y príncipes: El origen del Hombre Lobo.
Representación artística de un Ulfhednar.
Resulta curioso (y hasta cierto punto perturbador) pensar en que todas las culturas del mundo tienen un análogo del licántropo entre los panteones de monstruos y espíritus de la noche. ¿Quizás una reflexión del miedo a perder el control o un recuerdo de esa época en que las bestias representaban un peligro para nuestros ancestros?
En el norte de Europa, las leyendas de hombres que cambian no solo a lobos, si no a osos y otros animales, se originan en el Ulfhednar; un guerrero similar al berserker que vestía pieles para canalizar el poder de un animal y transformarse en un luchador sanguinario.
Históricamente, la posesión de espíritus animales es mencionada en el Haraldskvaeoi y la saga Volsunga, consideradas precursoras de los mitos del Hombre Lobo. Incluso se decía que el rey Harald I de Noruega tenía entre sus trofeos de caza a un licántropo disecado.
La figura del Vilkacis, de Latvia, no es tanto en sí un licántropo como un lobo monstruoso que bajo ciertas condiciones podía ayudar a las personas en las noches.
Más al sur, encontramos que la historia del Hombre Lobo como tal aparece en Grecia, en el mito de Lycaon, el cual narra la historia de un príncipe que fue transformado en un lobo luego de comer carne humana;  y se dice que aquellos que presenciaban los sacrificios humanos en el monte del mismo nombre  podían sufrir ese mismo destino. 
Herodoto y Plinio hablan en sus trabajos sobre tribus como los Neuri, una población de Escitia con el poder de cambiar a lobos por unos días cada año, mientras que Virgilio describe procesos de transformación similares en sus relatos. Pero es Gaius Petronius quien escribe en el Satyricon, la primera historia donde la luna llena es el detonante para el cambio de un licántropo.
Grabado del mito de Lycaon según Ovidio.
En la tradición oral de Armenia, las mujeres pecadoras están condenadas a pasar siete años como un lobo como castigo. En esta variante, un espíritu se aparece frente a la susodicha y le presenta una piel de lobo, la cual debe vestir. Una vez que se ha colocado la prenda, la mujer cambia y se torna una bestia salvaje durante las noches; volviendo a la normalidad al amanecer.
Otras licántropas similares son las Lubins o Lupins, de Francia, que por lo regular son tímidas y dóciles en comparación a sus contrapartes masculinas.
En Turquía se ve a los licántropos en una luz diferente: Aquí, los Hombres Lobo son llamados "Kurtadam", y son el resultado de complejos ritos conducidos por chamanes de Asia Central; con el objetivo de convertirse en lobos humanoides considerados avatares de los ancestros de los turcos; por lo que se les respeta y ve como figuras de poder.

El Hombre Hiena: El terror de África.
En África, pese a que no existen especies más allá del pequeño lobo etíope, sí existe una figura similar. En este caso, un monstruo basado en la hiena, un animal largamente odiado y vilipendiado por sus características carroñeras.
En Chad podemos encontrar al "Bultunging" (que significa "me cambio a una hiena" en el idioma de los Bornu), y se tenía la creencia de que algunas aldeas estaban enteramente pobladas por estos seres.
Para la gente de Etiopía, el temor es hacia el Bouda, un Hombre Hiena conocido por profanar tumbas y robar cadáveres. La creencia en este ser se extiende a Sudán, Tanzania y Marruecos; en esta última los Bereberes y beduinos consideran al monstruo como algo similar al Hombre Lobo, una persona que se transforma al anochecer y regresa a su forma original al amanecer. 
Los cristianos en Etiopía creían que los judíos se transformaban en Bouda y desenterraban cadáveres en los cementerios cristianos para alimentarse.
En Sudán, el Hombre Hiena es un caníbal que gusta de perseguir y aterrorizar a los amantes que salen por la noche. Aquí se le representa como un poderoso hechicero reconocible en forma humana por su cuerpo peludo, ojos rojos y voz nasal.
La tribu Bambara en Mali se convierte en hienas mediante pantomimas y danzas con máscaras. En esta tradición se busca evocar los hábitos odiados de la hiena e incitar miedo en los participantes, de forma tal que eviten realizar estos actos despreciables y sean buenas personas.
Al-Doumairy en su tratado Hawayan Al-Koubra, describe a las hienas como vampiros que atacan a la gente por la noche para chuparles la sangre, y explica que los animales pueden hipnotizar a las personas con la mirada.
Un tratado médico persa de 1376 describe los pasos para curar a un "kaffar", asesinos mitad hombre-mitad hiena que tienden a matar niños.

Hombres Gato:
Otra variante es la de los hombres gato, y esta obedece sistemas de creencia similares a los del Hombre Lobo.
En África, estos seres se asocian a deidades y la realeza. Los Hombres Leopardo son hijos de deidades y hombres, y obtienen no solo la capacidad de convertirse en felinos, si no que sus formas humanas poseen los poderes asociados con el leopardo.
Los Hombres León son por lo regular espíritus de antiguos reyes o reinas reencarnados. Como dato curioso, los nativos involucrados con los Devorahombres de Tsavo creían que los leones eran en realidad reyes que intentaban impedir la construcción de los trenes en África para repelir a los invasores europeos.
Los Devora-hombres de Tsavo.
En Asia, los tigres son los que reemplazan al lobo. En la India son poderosos hechiceros que buscan amenazar al ganado y a los granjeros. En China, víctimas de una tradición hereditaria o por incurrir en la cólera de un fantasma.
De esta manera, los fantasmas de personas devoradas por tigres pasaban a ser espectros conocidos como "Chang", con el poder de convertir a otras personas en Hombres Tigre. 
En Indonesia y Malasia existe el "Harimau Jadian", el cual obtiene sus poderes por herencia, hechizos, fuerza de voluntad y embrujos. Solo son agresivos con los humanos cuando tienen hambre o deseos de venganza; pues prefieren usan sus poderes para proteger las plantaciones de los cerdos salvajes que merodean en los campos.
En Mesoamérica, el culto al jaguar derivó en varias tradiciones totémicas que involucraban Hombres Jaguar. Los chamanes y sacerdotes, así como los aztecas, solían usar la piel de estos animales para ganar el poder relacionado con ellos. Los Balams de Yucatán eran magos que se transformaban en la luna llena y protegían los campos de maíz. Una orden militar de la civilización azteca era la de los caballeros o guerreros jaguar, que usaban pieles o uniformes que imitaban a este animal.
Otra creencia similar es la del Nahual, un brujo maligno con el poder de convertirse en toda clase de animales como burros, caballos, toros, perros, gatos e inclusive jaguares. 
Guerrero jaguar azteca.

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