martes, 25 de agosto de 2015

Ankou.

El Ankou es una figura mitológica que aparece en la mitología de las islas británicas como una figura encargada de recoger las almas de los recién fallecidos. Su nombre en el bretón original es Ankoú, en Cornwalles se le conoce como Ankow y en Gales como Anghau.
La leyenda especifica que el Ankou no es precisamente una deidad, similar a otras personificaciones de la muerte en la mayoría de las culturas; en realidad un Ankou está ligado a una parroquia o iglesia, y es el último parroquiano que fallece durante el lapso de un año. La persona fallecida al final debe asumir el rol de llamar y recoger a los muertos de esa parroquia; y adopta la forma de un espectro alto, desgarbado y de largo cabello blanco; aunque otras variaciones del mito lo presentan como un esqueleto con visión de trescientos sesenta grados que le permite ver todo.
El método para recoger almas es similar al de la Santa Compañía de España, pues el Ankou conduce una carreta y se detiene frente a la casa de alguien va a fallecer; entonces toca la puerta o sencillamente lanza un gemido de dolor similar al de la Banshee.
También se dice que el Ankou puede de hecho entrar a la casa o que va acompañado por dos seguidores espectrales que le ayudan a cargar y colocar las almas en su carreta.

Descripción.
El Ankou siempre es un hombre oscuro que aparece por las noches. Su apariencia puede ser la de una sombra, un esqueleto o un fantasma; pero siempre lleva una túnica negra y una capucha o sombrero para cubrir su rostro; pues el solo verlo es una sentencia de muerte.
En ocasiones muy especiales se dice que sus ojos brillan como carbones ardiendo, pero esto solo ocurre si el Ankou ha cometido el error de segar el alma de un hombre bueno. En este caso, un ángel aparece y arranca los ojos del Ankou; dificultando su labor.
En su mano lleva una guadaña con un mango hecho de huesos humanos, y conduce una carretilla o un carruaje; siendo éste último jalado ya sea por dos caballos (uno viejo y delgado, el otro joven y fuerte) o cuatro caballos negros de aspecto demoniaco.
Siempre lo acompaña un fuerte aire gélido, y que no hay un alma en la tierra que abandone la seguridad de su hogar una vez que por las noches comienza a soplar el frío aire que antecede al Ankou o se escucha el chirrido de la rueda de la carretilla a lo lejos.
El escuchar un toquido en la puerta de casa durante la noche significa que alguien en la familia morirá antes de acabar el año. Si un hombre o mujer tiene la desgracia de descubrir una marca roja en el exterior de su puerta, eso significaba que alguien en ese hogar iba a morir; y los vecinos de inmediato cortaban relaciones con los habitantes de la casa condenada por miedo a la mala suerte o el contagio de una enfermedad.
El Ankou no perdona y no distingue entre hombres, mujeres y niños bajo la noción de que "siempre hay espacio para un cuerpo más" en su carruaje. Se dice que a veces aparece en los sueños de la gente que va a morir, dándoles terribles visiones en las que aparece siempre un hombre de negro conduciendo un carruaje. En algunas ocasiones, el Ankou aparece en los sueños para brindar una ominosa advertencia hacia la persona, tal como no salir de casa en ese día o evitar hacer un viaje.

El mito.

Se dice que cada parroquia en Bretaña tiene a su propio Ankou, y de acuerdo con las tradiciones se dice que el escuchar el chirrido de una rueda de madera durante la noche es seña de que el "Karrigell an Ankou" (la carretilla del Ankou) está cerca. De manera similar, el llanto del búho es conocido como "Labous an Ankou", que se traduce como "el ave de la muerte".
En Irlanda, existe un viejo proverbio que reza "Cuando el Ankou viene, no se va a ir sin nada".

El mito moderno aparece por primera vez en el siglo XIX, reportado por el escritor y folklorista Anatolle Le Braz, quien excribe lo siguiente en su best-seller "La leyenda de la Muerte":
"El Ankou es el emisario de la muerte, y es conocido como el vigía del cementerio; pues protege el campo santo y las almas que en él moran. Sus razones son desconocidas, aunque está condenado a recolectar las almas de la tierra. El último muerto de cada año en cada parroquia se convierte en el Ankou de esa localidad durante todo el año siguiente. Y cuando la cifra de fallecimientos sube durante un año en especial, por lo regular se dice 'Este es un Ankou verdaderamente malo'.
Hay muchas historias que involucran al Ankou, quien aparece como hombre o un esqueleto que viste una capa y carga una guadaña, o es descrito como una sombra con un sombreo y una guadaña sobre un carro lleno de muertos. Se dice que su rostro permanece oculto. Otras versiones dicen que el Ankou es en realidad el primer muerto del año (aunque siempre debe ser un hombre), con la labor de recolectar las almas de otros para poder descansar en paz. Conduce un gran carruaje jalado por cuatro caballos negros, y va acompañado de dos figuras fantasmales que van a pie."

Una historia popular habla sobre tres amigos ebrios que caminaban de vuelta a casa durante una noche, cuando se encontraron con un anciano jalando un carruaje. Dos de ellos comenzaron a gritarle, "¡Ankou, ankou!" y le arrojaron piedras; escapando por sus vidas una vez que lograron romper el eje de su carro.
El tercer amigo, sintiéndose mal, quiso ayudar al Ankou y buscó una rama para reemplazar el eje roto. Después le dio al Ankou sus propias agujetas para atar la rama al carro. La mañana siguiente, los amigos que arrojaron las piedras habían fallecido, mientras que el tercero solo acabó con el cabello completamente blanco, sin mencionar jamás como había ocurrido.

El príncipe y el Ankou.
Otra leyenda dice que el Ankou fue un príncipe cruel que en su estupidez, desafió a la muerte a un juego. El príncipe era famoso por su temperamento colérico y su amor por la caza.
En una ocasión, el príncipe decidió cazar durante la noche de un día sagrado. Para su mala suerte, el objeto de su caza fue un Ciervo Blanco, un animal mágico cuyo don es ser inalcanzable; pero el príncipe y sus compañeros estaban ebrios y no vieron nada raro en el animal. Durante la cacería y ya dentro del bosque, se encontraron con una figura de gran tamaño cubierta en un manto negro y montado sobre un magnífico caballo blanco.
El príncipe, enojado por encontrar al extraño en sus tierras de caza; lo desafió a una competencia. Quien pudiese matar al ciervo no solo se quedaba con el trofeo, si no que también podía determinar el destino del perdedor. El extraño accedió, y para sorpresa del príncipe; cazó al ciervo en cuestión de minutos usando una flecha.
El príncipe, furioso por haber perdido, ordenó a sus hombres que rodearan al extraño; burlándose de él y diciendo que esa noche volvería a casa con dos trofeos.
El extraño soltó una carcajada que heló la sangre de los hombres, y entonces habló con voz cavernosa que hizo eco entre los árboles:
"Puedes tener al ciervo. Y a todos los muertos del mundo. ¿Amas cazar? ¡Caza entonces! Tus trofeos estarán en todos los campos de batalla y en todas las casas, y apestarán a muerte, cazador."
Desde entonces, el príncipe quedó condenado a recorrer la tierra como un espectro monstruoso, el Ankou.

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