jueves, 13 de abril de 2017

El misterio de los trabajadores sociales fantasma.

Desde 1980, el Reino Unido ha experimentado varias oleadas de pánicos morales relacionadas con ominosos personajes conocidos como "Trabajadores Sociales Fantasmas"; extraños que se presentan en las casas con supuestas órdenes para revisar e incluso llevarse a los pequeños que en ellas habitan. Una búsqueda en internet puede entregar cientos de historias en sitios como el área metropolitana de Londres, Inverness en Escocia, Liverpool y Manchester; entre otros. De manera curiosa, ninguno de estos personajes ha podido ser capturado o identificado; lo que exacerba las teorías de conspiración entre la población de las islas británicas.

La primer ola comenzó en 1987, en medio de un caso de histeria colectiva en las ciudades de Nottingham y Manchester. De acuerdo con historias publicadas en tabloides de la época, en los bosques de las campiñas británicas se reunían grupos de satanistas que sacrificaban, abusaban y devoraban bebés como parte de oscuros rituales demoníacos.
A estos siguió una extensiva cacería de brujas, la cual no entregó resultados o culpables en concreto más allá de rumores histéricos entre las autoridades religiosas y asociaciones de padres de familia. Y tal vez como parte de esto, aparecieron los primeros casos de trabajadores sociales fantasmas; parejas de hombres o mujeres vestidos con ropa formal, portando identificaciones de los organismos sociales de la época y órdenes de examinar a los niños de un hogar por supuesto maltrato infantil. 

En 1990 se hizo famoso el caso de Elizabeth Coupland, una madre soltera que dijo haber sido visitada durante un día invernal por dos mujeres que llevaban traje negro, las cuales se presentaron como empleadas de la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad Infantil y argumentaban que un vecino había reportado un caso de maltrato referente a sus dos hijos, de dos años y seis meses.
La visita al departamento de Coupland concluyó sin eventos fuera de lo normal, a lo que Elizabeth asumió que no volvería a ser visitada pues su familia era estable y ninguno de los niños presentaba evidencia de haber sido maltratado.
Pero, al cabo de unos días fue visitada de nuevo por una de las mismas mujeres, que en esta ocasión viajaba acompañada de un hombre que de acuerdo con Elizabeth; no presentaba emoción alguna en el rostro y tenía movimientos que rayaban en lo mecánico. Los supuestos trabajadores le informaron que sus hijos irían con ellos para ser llevados a un hogar temporal debido a irregularidades notadas en la visita anterior. De inmediato, Elizabeth amenazó con llamar a la policía para que supervisaran la operación; lo que hizo que los visitantes salieran huyendo del lugar sin decir otra cosa.

La Operación Childcare.
Por esto se lanzó la operación Childcare en el sur de Yorkshire a finales de ese mismo año, obteniendo más de 250 reportes. La policía llevó investigaciones que condujeron a que de estos, solo dos eran genuinos y unos dieciocho más debían ser considerados como 'serios'. Los criminólogos de la época especularon que bien podría tratarse de vigilantes decididos a tomar cartas en el asunto por sí mismos, investigadores contratados por algún cónyuge o ex pareja para pelear por una custodia o inclusive pedófilos.
Uno de los dos incidentes es el ocurrido a una mujer llamada Anne Wylie.
Wylie declaró que una mujer llegó a su casa al poco tiempo de que su hijo de año y medio había sido hospitalizado por un ataque de asma, presentándose como una inspectora de sanidad.
De acuerdo con Wylie, la mujer no portaba identificación, lo que le hizo pensar que algo no estaba bien. Además de eso, se percató de que en el auto de la mujer se encontraba un hombre sentado en el asiento del copiloto, y por ello le preguntó más datos para corroborar su identidad. Wylie se sorprendió de que la mujer sacara un archivo en el que aparecía el registro médico de su hijo.
Tras una discusión prolongada, Wylie logró que la mujer se fuera, y acto seguido llamó a la oficina local de salud; quienes le confirmaron que la mujer no trabajaba para ellos.
La descripción dada fue la de una mujer de veinticinco a treinta años, de metro sesenta de alto, delgada, de cabello castaño claro y un lunar al lado del ojo derecho; y vestida con un uniforme color azul claro similar a los abrigos de las enfermeras inglesas.
La operación Childcare llegó a su fin en 1994, cuando las autoridades británicas llegaron a la conclusión de que ningún niño había sido secuestrado, y que los casos terminaban en que los pequeños solo eran 'examinados' por los visitantes.
Varios criminólogos involucrados con la operación intentaron desarrollar un perfil de posibles sospechosos, así como discernir un posible motivo; pero lo mejor que pudieron plantear fue que se trataba de grupos de pedófilos, imitadores o madres que habían perdido a sus hijos propios.
Uniforme de enfermera británica en los 80.
Similar al descrito por la señora Wylie.
Los reportes disminuyeron hasta octubre de 1995, cuando la familia Dunn, de la ciudad de Manchester, fue visitada por una mujer de unos treinta y cinco años; la cual se presentó como miembro del Consejo de la ciudad, y que estaba ahí para investigar un reporte anónimo de maltrato infantil.
El señor Dunn le exigió ver una identificación, a lo que la trabajadora respondió que iría a buscarla a su auto; donde seguro la había dejado. Observando desde el pórtico de la casa, Dunn se dio cuenta de que en el auto de la mujer había otros dos hombres, los cuales intercambiaron palabras con la mujer por un momento. Acto seguido, la trabajadora social subió al vehículo y este arrancó a toda velocidad.

En 2001, el diario escocés Daily Record publicó una alarma para la localidad de Inverness tras recibir una serie de llamadas informando de una pareja sospechosa de trabajadores sociales, los cuales tocaban a las casas y pedían se les permitiera inspeccionar a los niños viviendo en ellas.
Las descripciones eran las de un hombre robusto de metro ochenta de alto, pelirrojo y barbado; mientras que su compañera era castaña y medía aproximadamente un metro setenta. Ambos vestían trajes negros y llevaban portafolios, así como identificaciones del departamento de trabajo social para acreditarse.
El departamento de trabajo social de Escocia respondió a la publicación emitiendo un comunicado, en el cual se explicaba que no se habían enviado a trabajadores con esa descripción; y al que al verlos o recibir visitas de ellos se les reportara de inmediato a la policía de Inverness.

Recientemente, en el 2014, el Daily Mail siguió un caso ocurrido en abril de ese mismo año e informó a los padres de Gloucestershire que debían prestar atención a visitas de estos trabajadores, y que no importaba que presentaran identificaciones; que no se les debía permitir acceso al domicilio.

La teoría de Higgs y Wyatt.
De la infinidad de teorías propuestas por las fuerzas policiales británicas y la población, está la de que esta racha de trabajadores sociales fantasma pueda estar inspirada en un escándalo de abuso de menores que tuvo lugar en 1980, cuando dos pediatras abusaron de su poder para realizar toda clase de escandalosos procedimientos de extracción de menores.
Marietta Higgs y Geoffrey Wyatt eran una pareja de pediatras que desarrollaron un supuesto 'examen' para diagnosticar abuso sexual hacia menores.
El método de Higgs se conocía como 'dilatación anal relajada' o "RAD" por sus siglas en inglés. La doctora podía supuestamente diagnosticar abuso sexual sin riesgo de equivocación al palpa el área cercana al ano de un niño. Basado en la respuesta fisiológica del área, Higgs creía que se podía determinar si había sufrido un abuso sexual anterior.
Mediante este examen, Higgs y su colega Wyatt justificaron la extracción de más de cien niños de sus hogares en espacio de un par de meses. Las críticas al sistema llevaron a que una mujer de nombre Elizabeth Butler-Sloss iniciara una investigación, la cual terminó revelando que la mayoría de los diagnósticos de Higgs y Wyatt eran incorrectos.
Como resultado, 94 de los 121 niños removidos de sus hogares fueron devueltos.
Por esto se abrió una nueva ley en 1991, la instauración de la Children Act.
Esta mandaba que los trabajadores sociales debían intervenir al mínimo, y que aún cuando se debía extraer a un niño, los trabajadores debían presentar evidencia inmediata de que el niño sería enviado a un hogar estable o con familiares inmediatos.

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