domingo, 20 de noviembre de 2016

Un Cocodrilo.

Hace unos años fui con amigos a pescar al Lago Okeechobee, en Florida. 
Para darles una idea respecto al giro de esta historia, basta mencionar que además de ser el séptimo lago más grande de los Estados Unidos; es también un camposanto para los Seminoles y otras tribus indígenas. 
Si eso no fuera suficiente, en 1928 el lago se desbordó e inundó varias comunidades cercanas. Más de 2,500 personas muertas cuando la marea del lago subió tres metros. A casi todos los enterraron en una fosa común, pero muchas personas acabaron arrastradas por el agua hasta el fondo del lago.
Como ya se imaginarán, hay muchas historias de fantasmas.
Pero en fin, hace tres años renté un bote y fui con amigos para ir de pesca durante la noche. El agua estaba tranquila, el clima era cálido y en general estuvimos pasado un buen rato. Poco después de la media noche, casi todos estaban demasiado ebrios como para seguir pescando; así que me quedé observando las estrellas.
Al poco tiempo tuve la extraña sensación de ser observado. Ya saben, cuando sientes que alguien te está clavando los ojos no con muy buenas intenciones. Miré a todos lados y fue que vi movimiento en el agua, justo a la derecha del bote.
Oh, carajo. Lo primero que pensé fue que se trataba de un cocodrilo. Son comunes en Okeechobee y bastante agresivos, así que tomé un remo y me preparé para pegarle y ahuyentarlo. 
Lo que vi, bueno, no era un cocodrilo. Aunque deseo que sí lo hubiera sido.
Era un cráneo que... bueno, a falta de una mejor palabra, flotaba sobre el agua.
Y me estaba observando.
Me asusté, y empecé a gritarle a mis amigos para que encendieran el bote y saliéramos hechos la mierda de ahí. El cráneo desapareció, pero empecé a escuchar algo muy grande salpicando el agua junto al bote; en el mismo lugar que esa cosa había estado.
Uno de mis amigos estaba lo suficientemente sobrio como para encender el motor. 
A la mañana siguiente, varios de ellos me preguntaron porqué reaccioné así la noche anterior. Qué había visto como para asustarme tanto en la noche.
Me tragué lo que había visto y les dije:
"Un cocodrilo."

Jamás les he dicho qué fue lo que pasó, porque para empezar, no me van a creer.
Solo puedo decirles que jamás he estado tan asustado en mi vida como esa noche. Y lo más extraño de todo fue que mi primer reacción no fue escapar, si no que durante los primeros dos o tres segundos lo primero que pasó por mi mente fue algo que no puedo explicar.
Algo así como una vocecita.
Una vocecita que me decía "Salta al agua".

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