viernes, 18 de diciembre de 2015

El Hombre Achicharrado.

Al sur del condado de Ventura, en California, existe un sitio llamado Camp Comfort County Park; y a simple vista asemeja ser no más que un parque común y corriente. Pero en él existen leyendas de varios espíritus que deambulan por sus prados y veredas al anochecer.
Las almas en pena del parque son muchas. Se habla de una novia que hace autoestop al lado del camino, su vestido ensangrentado y el rostro cubierto por un velo que no deja ver sus facciones hasta que ya es demasiado tarde: una joven que monta a caballo y cada año repite las circunstancias de su muerte al caer de su montura, un motociclista decapitado por un choque con un camión, y que surca los caminos a gran velocidad; el esqueleto de un vampiro que yace en un ataúd sellado y un perro fantasma.
De interés es el puente a mitad del parque. En él, se habla de dos niños con ropa victoriana que aparecen corriendo y jugando para después saltar hacia el río que corre debajo; la mano de un niño que, como una tarántula espectral, se arrastra por la baranda; y un autobús antiguo ocupado por las almas de doce niños y un conductor que fallecieron al caer al río en la década de 1940.
Pero de estos, el más famoso (y perturbador) es el Hombre Achicharrado.
Al otro extremo del puente, más allá de donde aparecen el autobús, la mano o los niños juguetones; se presenta el espíritu del Hombre Achicharrado, un horripilante ser de piel carbonizada que emerge del bosque y ataca a todos aquellos que cometen el error de bajarse de sus autos al atravesar el puente.
No se sabe si es un fantasma o un monstruo, pero lo cierto es que el Hombre Achicharrado no es un ser humano. Su piel está cubierta por vastas costras ennegrecidas, lleva vendajes harapientos y emite un nauseabundo olor a carne quemada que puede ser percibido a gran distancia.

Pero como con todas las leyendas, siempre hay variaciones respecto al origen de tan pavorosa aparición.
Aunque de manera curiosa, todas tienen su origen en un incendio acaecido en el año de 1948, cerca de donde hoy está el puente del parque.
En la primera versión, un padre y su hijo fueron quemados hasta quedar irreconocibles; falleciendo el padre al cabo de unos minutos. El hijo sobrevivió, pero el dolor y la imagen de su propio cuerpo quemado lo volvieron loco; reduciéndolo a un inhumano feroz y salvaje.
Se dice que cuando llegaron los rescatadores, solo encontraron el cuerpo desollado del padre colgando de la rama de un árbol. El hijo escapó a los profundos bosques y se convirtió en el espectro con el tiempo.
En la segunda historia, una pareja queda atrapada al quemarse su casa. El esposo intenta rescatar a su mujer, que grita "¡Ayúdame!" una y otra vez; pero sus propias quemaduras le impiden hacerlo. En su desesperación, solo puede ver como su esposa es consumida entre las llamas hasta quedar convertida en huesos negros y humeantes. Esto lo enloqueció.
Una tercera sostiene que el Hombre Achicharrado fue un bombero que perdió la cordura al no poder salvar a una familia en ese incendio de 1948.
Finalmente, la última versión toma lugar en 1950. En esta, un conductor que cruzaba el puente chocó al ver a uno de los fantasmas que pueblan el parque; y no pudo escapar cuando su vehículo accidentado empezó a quemarse. Ciego de dolor y torturado por las almas del parque, salió huyendo como pudo hacia el bosque; donde murió y quedó condenado a vagar como el Hombre Achicharrado.

Sin embargo, los policías del condado Ventura narran otro origen más factible y tal vez mucho más doloroso que las primeras cuatro versiones.
En la década de 1960, se decía que cerca del parque vivía un anciano que sufría de un terrible cáncer de piel. La enfermedad, agresiva, le deformó el rostro y un brazo; dejándolo desfigurado y con la apariencia de un muerto viviente con desagradables quemaduras. Esto lo volvió un ermitaño y lo obligó a solo salir por las noches.
Ocasionalmente era visto por jóvenes que viajaban en auto o motocicleta; y que confundían la silueta jorobada y oscura al lado del camino con un alma en pena. Estos encuentros corrieron de boca en boca, y con el tiempo evolucionaron hasta convertirse en la leyenda del Hombre Achicharrado.

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