viernes, 20 de noviembre de 2015

El familiar.

Uno de los espíritus más conocidos en Argentina es aquél que de acuerdo con la leyenda, se llama "El Familiar"; y que está ligado con las zonas de producción azucarera en sitios como Tucumán, Catamarca y San Luis.
Su sola mención estremece a los obreros y trabajadores de las plantaciones, pues se dice que una vez al año se debe sacrificar a un humano para saciar el hambre de la bestia y asegurar la estabilidad y el éxito económico de una empresa, fábrica o ingenio azucarero. Se le considera una amenaza real, y también le atribuyen las desapariciones de trabajadores de los ingenios en más de una ocasión.

Descripción.
El Familiar es un espíritu o demonio con la habilidad de cambiar de forma. Adopta la figura de una serpiente gigantesca, un perro grande y negro con ojos rojizos y cabello encrespado como el del jabalí, de garras prensiles y la capacidad de caminar en dos patas. 
También adopta la forma de un hombre blanco que monta a caballo y viste de negro, un gran toro azabache capaz de controlar al ganado o un cerdo con colmillos de serpiente. Puede hablar en todas sus formas, y siempre va acompañado de un fuerte olor a azufre y el ruido de "cadenas" que se arrastran.
Es inmune a las armas del hombre y no hay muro, cerca o reja que pueda detenerlo.

La leyenda del Familiar.
La historia surge durante el siglo XIX, durante la expansión de la industria azucarera en Argentina. Por el auge, los ingenios comenzaron a producir grandes ganancias en cortos periodos de tiempo, lo que llevó a la creación de rumores sobre que los dueños hacían tratos con el Diablo y otros demonios para enriquecerse.
Los dueños de los ingenios mantienen ocultos a los demonios en un sótano, dejándolos salir alimentarse de los peones a los que se encontraban en su camino o con aquellos que eran sacrificados y llevados a la morada del Familiar por engaños del capataz.
En caso de que el Familiar no devore peones en un año, puede inclusive llegar a devorar a su propio dueño; y se dice que la única forma de salvarse de él es mostrarle una cruz, pues es imposible matarlo o lastimarlo con armas de fuego o cuchillos.
Por ello, no es raro que algún empleado de la plantación lleve una cruz grande colgada en el pecho, un rosario en el cuerpo y un puñal atado al cinto. En caso de ver al Familiar, la cruz y el rosario pueden presentar la única defensa posible ante el monstruo; el cual podrá herirlos, pero no devorarlos. En caso de que el peón sobreviva al ataque, entonces el patrón debe pagarle para que no cuente la historia y se vaya del lugar.
Al fallecer el patrón, el familiar morirá de hambre y la fortuna abandonará a la plantación y a la familia; quedando esta también maldita.

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