martes, 23 de junio de 2015

La rata de Tokio.

Como muchas ciudades del mundo, Tokio cuenta con plagas de roedores que pululan entre los callejones, cloacas y túneles del metro; pero hay ciertas historias entre los habitantes de esta ultramoderna metrópolis que hacen pensar que en los incontables túneles y sistemas de drenaje que corren bajo la ciudad puede haber un peligroso depredador al acecho.
Trabajadores del metro, del sistema de drenaje y algunos habitantes de la ciudad han dicho haberse encontrado cara a cara con colosales ratas del tamaño de perros en el vasto inframundo de Tokio.

El primer reporte proviene de un trabajador en los túneles de metro, que durante un patrullaje de rutina se encontró con algo que hurgaba entre pilas de desperdicios. Creyendo que se trataba un gato, decidió bajar y rescatar al animal que indudablemente debía estar perdido si es que había caído a tal profundidad del sistema de túneles.
Al acercarse, se encontró con que no se trataba de un gato, si no una rata del tamaño de un felino. El trabajador retrocedió al darse cuenta que la rata no mostraba temor ante su presencia, y que luego de unos momentos particularmente tensos; desapareció en la oscuridad.
Otra historia proviene de un grupo de empleados de sanidad que hacían labores de limpieza en el drenaje y por error alumbraron con una linterna a un roedor del tamaño de un perro mediano. Los trabajadores gritaron sorprendidos, cosa que hizo huir al animal.

Entre las teorías que pretenden explicar la existencia del roedor gigante, está la de una mutación producida por las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki; otros expertos mencionan que los huesos de las ratas son como los de los reptiles, y pueden crecer hasta proporciones colosales si es que viven por largo tiempo y tienen acceso a fuentes de alimento.

Raigo la Rata.
Grabado sobre Raigo.
Otra explicación para la rata es que no se trata de un animal común y corriente, si no de un yokai o espíritu conocido en la mitología japonesa como Raigo, la rata.
La leyenda empieza con el emperador Shirakawa, que se encontraba desesperado por conseguir un heredero a su trono y continuar su dinastía. Para esto, enlistó la ayuda del abad del templo de Miidera; un poderoso monje budista llamado Raigo. El emperador le prometió varias recompensas a Raigo si usaba sus poderes espirituales para darle un hijo.
El monje aceptó la oferta y de inmediato se sumió en una meditación que culminó cuando el emperador tuvo a un hijo, el príncipe Taruhito.
Cuando Raigo se presentó ante el emperador, suplicando que su recompensa fuese solo lo necesario para construir una plataforma de ordenamiento en el templo de Miidera; el gobernante le dijo que sí, pero lamentablemente estaba atado por políticas relacionadas a los monjes. El templo rival de Miidera, el Enraku-ji en Kyoto; era comandado por un ejército de monjes guerreros que luchaban por todo Japón.
Era tanto su poder que se decía que el Emperador controlaba todo con excepción de tres cosas: el viento, el rodar de los dados y los monjes de Enraku-ji.
Los monjes de Enraku-ji se enfurecieron con esto, ya que solo ellos podían ordenar a nuevos monjes de la secta Tendai del Budismo. El Emperador se vio obligado a romper su promesa hacia Raigo, y le preguntó si había otra cosa que pudiese hacer; pero el monje se negó.
Como protesta, entró en huelga de hambre y murió luego de cien días, pero no sin antes maldecir al Emperador. Durante el momento de su muerte, una figura de blanco apareció junto a la cama del príncipe Taruhito, en ese entonces de cuatro años. El príncipe murió poco después; y quedó en claro que lo que Raigo daba, Raigo lo podía quitar.
Lo que pasó después se tornó una historia de horror. En lugar de retornar como un yurei o espíritu vengativo, Raigo usó magia negra para asegurar que luego de su muerte volvería a renacer como un terrible Yokai. Su cadáver se torció monstruosamente hasta volverse una rata del tamaño de un hombre, con un cuerpo fuerte como piedra y zarpas y dientes de hierro.
El recién nombrado Raigo la Rata, invadió Enraku-ji con un ejército de roedores que devoraron todas las escrituras y estatuas budistas del lugar. Este caos continuó hasta que se erigió un altar a Raigo, que pasó de ser un espíritu de la venganza a transformarse en un kami sagrado.

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