domingo, 2 de marzo de 2014

¿A donde van los monstruos?

Para la mayoría de las personas, los monstruos son cosas del pasado. Al ser niños, nos petrifica la idea de la existencia de seres sobrenaturales que acechan en nuestras cabezas inocentes, creando la ilusión de que se ocultan bajo la cama o nos miran con ojos hambrientos desde el interior de un armario; esperando a que despertemos para que puedan devorarnos pieza por pieza.
Conforme crecemos y eventualmente maduramos, estos seres horribles se vuelven menos y menos aterradores para nuestras mentes cultivadas y refinadas; las trepidantes ideas irracionales desaparecen hasta que no son más que un recuerdo molesto en la parte posterior de nuestras memorias. ¿Pero qué pasa con esos misteriosos críptidos que nuestra ingenua y cándida mente consciente "crea"? ¿Se van eventualmente, desintegrándose en la nueva modestia a la que nuestras mentes se han adaptado? ¿Podrá ser que estos alguna vez aterradores monstruos que consideramos memorias de la niñez, nunca se alejen?
Hay teorías en todo el mundo que han sido elaboradas para tratar de resolver esta duda. Desde la época moderna hasta la antigua África; siempre ha habido quienes se preguntan esto. Desde algunas ideas tontas hasta pensamientos complejos que nadie puede comprender, han existido algunas teorías lógicas que han confundido a hombres adultos.
Piénsalo: esos seres de debajo de tu cama podrían estar esperando para saludarte al llegar a las puertas del Infierno, preparando todo el sufrimiento. Pueden volverse niebla en tu cabeza y luego volverse reales gracias a una maldición o un problema existencia, sentenciándote a que los miedos de tu cabeza adolescente se vuelvan reales. Incluso puede que sean producto de un mortal desastre gubernamental, creados en secreto y liberados de su cárcel para aterrorizar a las pobres almas que se crucen con ellos.
Por más lógicas que esas teorías puedan parecer, muchas personas aún sufren la ansiedad de su niñez. La idea de que esos miedos puedan volverse una realidad es perturbadora para cualquiera; incluso si la posibilidad de que eso ocurra es mínima.

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